lunes, agosto 16, 2010

¡Que vienen los chinos!

No es la primera vez que les hablo de chinos.
Ni será la última.
Y harían bien en poner atención.

Aunque no se hayan dado cuenta, los chinos tienen cada vez más importancia en su vida.
Su discreción milenaria les hace pasar inadvertidos, pero están ahí, en cada esquina, extendiéndose por las calles como un río en su delta, abriendo locales a mansalva mientras los aborígenes hispánicos cierran los suyos, prosperando, inmunes a la crisis, a la incomprensión, a la xenofobia.

Ya hace tiempo que me declaré chinófilo.
Les aconsejo que abracen también la chinofilia por su propio interés.
Si tienen hijos pequeños van a tener muchas posibilidades de trabajar algún día para chinos.
Y nos les quepa ninguna duda de que sus nietos serán mandados por jefes chinos en algún momento de su vida laboral. Los chinos ya están aquí y vienen con un negocio bajo el brazo, pero su paso no será fugaz como el de los americanos de Bienvenido Mr. Marshall del genial Berlanga. Han venido para quedarse y habitar entre nosotros, sonrientes, solícitos, demoledoramente eficaces.

Cada vez entramos en más locales regentados por chinos.
Primero fueron los restaurantes de comida oriental, la cabeza de puente del desembarco, hace más de 25 años. Luego llegaron las tiendas de 20 duros (1 euro, actualizado). Más tarde se hicieron con los almacenes mayoristas de ropa, calzado y bisutería. Como no les cabía tanta mercancía compraron polígonos enteros. Les siguieron las peluquerías (del final feliz hablaré otro día, paciencia). Lo último han sido los bares de tapas. Ahí los tienen con su mandil de tabernero castizo, poniendo café con porras, callos a la madrileña y una de bravas.

Aunque no creo que los callos tengan muchas probabilidades de conseguir la denominación de origen y la salsa brava sea más bien kétchup picante que salsa propiamente dicha, el caso es que los chinos están tomando al asalto el único reducto identitario de los madrileños: la tasca.
Denles tiempo y pronto serán campeones de mus. Por lo pronto, los tapetes y los amarracos ya llevan el made in China.

A la gente, aunque lo disimule por aquello de la corrección política, le intranquilizan los chinos.
Los ven deslomándose como ídem de la mañana a la noche, sin una queja, y saliendo a flote mientras todo se hunde.
La plebe empieza a hacerse preguntas capciosas: "¿Pero de dónde sacan el dinero?".
Y se las responden de la misma forma artera: "Lo que está claro es que esa pasta no es de vender cachivaches a un euro".

No esperen que les desvele el misterio.
Como paseante me dedico a observar. No tengo respuestas.
Que los chinos progresan es tan evidente como que son muchos.
Las razones de su éxito no me incumben. ¿Dinero negro?
Puede, pero tal vez tenga que ver también con que vas a una peluquería y te ventilan en 10 minutos (nueve euros, lavado incluido) y no tienes que compartir charla con ellos, salvo si tú la provocas. Perdónenme mi insociabilidad, pero cuando lucía pelo llevaba unas greñas astrosas solo por el pánico de pensar en la chapa que me iba a meter el peluquero de lo revuelto que estaba el vestuario del Madrid y de la mierda de pensión que le iba a quedar cuando se retirara.
Los chinos respetan el silencio del cliente.
¡Ojalá pronto tomen el sector de los taxis!

Otro de sus fuertes es la paciencia.
Cuando entras en una tienda no te atosigan.
Les da igual que te tires una hora brujuleando entre los pasillos para acabar comprando una tijerita para recortarte la perilla. Saben que la próxima vez te llevarás también el cortauñas.
No tienen prisa, son imbatibles.
Al fin y al cabo, se tiraron dos mil años para levantar una muralla que no impidió ninguna de las grandes invasiones, y cuando nadie le encontraba utilidad resulta que es el principal atractivo turístico del país, una fuente de divisas y el símbolo nacional.

La eficiencia es su mejor aptitud.
Al servicio del cliente, sin interrupciones publicitarias ni descansos para el bocadillo o para el almuerzo, sin día del patrono local o autonómico, ni "cerramos por defunción" (la leyenda urbana reza que a los chinos no les entierran). Toda la familia al tajo.
"Ya, ya, eso se llama explotación laboral", me dirán.
Pero ya les he avisado de que solo soy un paseante, no un inspector de Trabajo.

Los chinos han logrado la cuadratura del círculo.
El régimen oficialmente comunista más populoso de la historia ha llevado el capitalismo a su máxima expresión. Donde nuestros gobernantes promulgan ordenanzas absurdas para prohibirlo todo, ellos ponen su liberalismo salvaje al servicio del pueblo llano que las sufre.
¿Por qué tiene que estar prohibido comprar en una tienda una lata de cerveza a las 22.01 horas y es legal tomarte tres cajas de whisky hasta la madrugada en el club de putas de enfrente?

Los chinos, laxos con las ordenanzas, han facilitado la pervivencia del botellón, el reducto de ocio de los que no tienen ni dinero ni futuro. Los chavales ya ni siquiera van a la tienda.
Los chinos les llevan el hielo, los vasos y la bebida al parque o a la plaza. El cliente, lo primero.

Con primarias o sin ellas, yo no pienso votar hasta que no haya un candidato chino.
Un alcalde chino sería ideal. Seguro que al menos pone cambio en los parquímetros y deja abiertos los bares y las tiendas hasta al amanecer.

RAMÓN MUÑOZ 16/08/2010

Manuel
#628

viernes, julio 23, 2010

Guy Bedos - Citations

  • Je vais bien. Et si tout le monde allait aussi bien que moi, j'irais beaucoup mieux.

  • Qu'il soit noir, juif ou arabe, un type bien est un type bien et un enfoiré sera toujours un enfoiré.

  • C'est dans le regard des gens de droite qu'on s'aperçoit qu'on est de gauche.

  • C'est louable de surveiller la circulation de drogue dans les HLM, mais ne devrait-on pas également se préoccuper de la consommation de pastis dans les commissariats ?

  • Le pire intégrisme qui soit c’est l’intégrisme de l’argent et, pour ceux qui ont vécu le nazisme, le dollar a des reflets vert-de-gris.

  • Le racisme n'est pas une opinion mais un délit.

  • Ça devient dur d'être de Gauche, surtout quand on n'est pas de Droite.

  • Dieu, si vous existez, délivrez-nous de toutes les religions.

  • C'est en étant méchant qu'on est bon.

Manuel
#623

domingo, julio 18, 2010

Antes y después del general McChrystal

La cultura estadounidense está saturada de imaginería, vocabulario, recuerdos y fantasías de carácter militar.
Su militarismo no nació durante las guerras mundiales o en la guerra fría, sino que se remonta al origen de la propia República.

Muchos de los dirigentes de la insurrección antibritánica habían servido a la metrópoli en la guerra contra Francia anterior a la Revolución Americana. Aun siendo de gran importancia, esta fue un incidente dentro de la pugna europea por el continente americano, que precisaba de un esfuerzo bélico permanente. La nueva República dejó claro que su Ejército controlaría dicho continente, y desde el principio su Armada asumió una misión de alcance mundial.

Desde nuestro primer buque, el USS Constitution (que, simbólicamente, aún está en servicio), hasta los más modernos drones [aviones no tripulados], la historia de Estados Unidos conjuga el desarrollo económico y social con el perfeccionamiento sistemático de los más innovadores medios militares. Las Fuerzas Armadas no han dejado de nutrirse de una población cambiante, que ha alterado su composición étnica, racial y social a medida que la nación se iba desarrollando.

Cuando Hillary Clinton entró en el Senado decidió formar parte del Comité de Defensa con vistas a fomentar sus perspectivas presidenciales.
Es frecuente que los candidatos a puestos corrientes exageren (y en ocasiones inventen) su historial militar, algo que, sin embargo, para ser tomado en serio tendría que ir acompañado de la consiguiente retórica belicosa. En 1972, el ex senador McGovern, cuando era candidato a la presidencia, fue tachado de cobarde por pedir el fin de la guerra perdida en Vietnam, pero durante la II Guerra Mundial, como capitán de bombardero, había realizado misiones de gran peligro.

Puede que quien visite por primera vez Estados Unidos y descubra libros, películas, videojuegos y series de televisión que ritualmente rinden homenaje a la profesión castrense piense que el país es una parodia electrónica de Esparta. Pero la parodia no se queda ahí. Un visitante alemán se quedó atónito al enterarse de que los sureños recrean regularmente batallas de nuestra guerra civil. "En Alemania nadie se pondría el uniforme de la Wehrmacht para recrear la batalla de Stalingrado". Es cierto, pero la guerra civil sigue presente en las costumbres electorales del Sur, donde los republicanos se han olvidado de Lincoln para conmemorar a una Confederación ridículamente idealizada.

Durante la guerra civil, un profesor de literatura clásica de Maine, en cabeza de su regimiento, salvó a la Unión en la batalla de Gettysburg. Hoy en día se ahorraría la tediosa necesidad de combatir, invistiéndose de la vicaria valentía que conceden las columnas de opinión. Por cada general Petraeus doctor en Relaciones Internacionales por Princeton hay 10 o 20 expertos universitarios en guerras, cuya presencia en el campo de batalla se limita a las visitas guiadas.

Durante la guerra civil, las dos guerras mundiales, y también las de Corea y Vietnam, en Estados Unidos el servicio militar era obligatorio.
En parte, la guerra de Vietnam terminó por el amotinamiento de los reclutas y desde entonces existe un Ejército profesional, en cuya tropa los afroamericanos, los latinos y los blancos de pocos recursos tienen una presencia desproporcionadamente abultada. Sus oficiales utilizan el Ejército para ascender socialmente, y cuestionar la competencia, moral o utilidad de este es políticamente peligroso, ya que gran parte del país compensa la carencia de un servicio militar obligatorio con un frenético patrioterismo.

Tal como demuestran nuestros repetidos desastres en el exterior, las instituciones civiles y militares están indisolublemente ligadas.
Como fuerza social independiente, el Ejército ya tiene un papel desmedido en el funcionamiento de la democracia en Estados Unidos.
Que algún día recurra a la fuerza dentro del país no resulta algo tan hipotético.
Con frecuencia, son los militares los que llevan a cabo las detenciones y ejecuciones que, como arbitrarias medidas de excepción, legitiman una interminable "guerra contra el terror" que no deja de expandirse.

Oficialmente, el presupuesto militar representa casi el 5% del producto interior bruto, aunque según otros cálculos podría llegar al 7%.
Todavía mayor podría ser el coste indirecto que ocasiona al distorsionar la distribución de recursos. Si el vigor del país se entendiera de otra manera, esos recursos podrían utilizarse para fines más constructivos y racionales.

Sin embargo, el presidente ha retirado expresamente el gasto militar del programa de la nueva Comisión Nacional sobre Responsabilidad y Reforma Fiscales.
La guerra y la preparación de la misma se han convertido en un elemento clave para la economía y el sistema político.
No hay ningún Estado ni circunscripción electoral sin instalaciones militares, fábricas de armas, laboratorios de investigación y programas universitarios financiados por el Ejército. Por eso es preciso que haya legisladores que acepten el presupuesto del Pentágono. El enorme coste del armamento hace necesaria su venta a otros países, lo cual hace inevitable la participación permanente en sus asuntos militares. El espionaje, las acciones clandestinas y las múltiples formas de intervención en otros países militarizan toda nuestra política exterior.

Las Fuerzas Armadas de EE UU son la única institución del país que se considera demasiado grande como para dejarla caer. Los intereses de los servicios armados y su cultura, encerrada sobre sí misma, poco pueden garantizar que sus capacidades vayan a estar siempre al servicio de los grandes valores democráticos.

El poco realismo del debate actual sobre Afganistán, donde nuestra presencia se justifica mediante multitud de explicaciones oficiales que, contradictorias y dispares, chocan entre sí, pone de manifiesto hasta qué punto las misiones militares se han convertido en algo alejado del pensamiento político sensato. Cuanto más grave es el error, más difícil resulta la rectificación, ya que reconocerlo dañaría nuestra "credibilidad".

En Washington, el absurdo episodio de la autodestrucción del general McChrystal en una revista dedicada a la cultura pop se ha presentado como una gran crisis de la República. Quizás lo sea. Cuando era senador, el presidente Obama se mostró escéptico ante las propuestas de escalada de Petraeus en Irak, pero ahora, a pesar de las razones evidentes que apuntan a sus escasas posibilidades de éxito, le ha enviado a dirigir otra en Afganistán.

Los fundadores de la República eran hombres instruidos que conocían la Atenas y la Roma de la antigüedad. Atenas encalló en sus expediciones a Sicilia, mientras que los propios generales de la República de Roma la convirtieron en un imperio.
¿Se reconocerían esos fundadores en el actual Estado estadounidense?
Se suponía que el Ejército garantizaba nuestra independencia y que la Armada protegía nuestros buques, poniendo en peligro a nuestros posibles invasores. Nuestro quinto presidente, James Monroe, quiso reducir al mínimo el poder europeo en el hemisferio occidental, pero nadie se habría imaginado a sus sucesores luchando en Afganistán.

Ahora el poderío militar estadounidense se justifica por sí solo, al tiempo que su conservación y en realidad su engrandecimiento se han tornado fines en sí mismos. El presidente ha destituido a un general díscolo. Su sucesor ha expresado con más corrección sus objeciones al cauteloso calendario de retirada de Afganistán de Obama.
Pero, en ausencia de McChrystal, el presidente sigue enfrentándose a la indisciplina del militarismo nacional.

Norman Birnbaum es catedrático emérito
en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown.

Manuel
#622

lunes, julio 12, 2010

Campeones


San Íker (una vez más)


Zinedine Iniesta


Merci Blatter


Recoletos


... y nuestro venerado Paul


Manuel
#621

sábado, julio 10, 2010

Equidistancia

Los que siguen negándose a condenar el golpe de Estado que desató la Guerra Civil recurren a la equidistancia –todos eran iguales– para intentar repartir entre los dos bandos una responsabilidad que, en 1936, en 2010 y en cualquier otro momento del tiempo venidero, correspondió, corresponde y corresponderá exclusivamente a los generales que se sublevaron contra la legalidad.
Esa es la función del prefijo de origen griego equi, que significa igual.
Pero la etimología, la semántica, y hasta el sentido común se estrellan contra determinadas realidades españolas.
Así, los partidarios de la equidistancia no solo no son partidarios de la equidad, sino que reaccionan ante ese término, tan esencialmente vinculado a la palabra que enarbolan como bandera, con una virulencia tal que se diría que les ofende.
Responsabilidades y culpas para todos, sí.
¿Los mismos derechos para todos, entonces? ¡Ah! Eso ya no. De eso, ni hablar.

Equidistancia no significa para ellos lo mismo que equidad.
Y su reacción frente a una campaña que no es política, que no es ideológica, que es una simple cuestión de derechos humanos que afecta a más de cien mil familias, lo demuestra.
Su respuesta, activada por el mismo incomprensible mecanismo que les lleva a oponerse a la ley del aborto, como si estableciera el aborto obligatorio, o a los matrimonios homosexuales, como si fuera a obligarles a casarse por la fuerza con alguien de su mismo género, es, sin embargo, más despiadada que nunca.
¿Tienen ellos algún abuelo en una fosa común? No.
¿Les afecta en algo la reclamación de personas como ella, que solo aspira a recuperar los restos de sus padres para enterrarlos con dignidad? Tampoco.
¿Les impidió alguien a ellos ejercer ese derecho cuando estaban en la misma situación? Todo lo contrario.

Y sin embargo, no solo se oponen.
También insultan, ofenden, ridiculizan, escarnian a personas como ella. ¿Por qué?
¿Carecen de sensibilidad, de imaginación para comprender el infierno por el que se ha arrastrado durante décadas la vida de tanta gente, sus vecinos, sus compañeros de trabajo, las personas con las que se cruzan por la calle?
Que no saben perdonar, les dicen, que no saben olvidar.
¿Es que alguien puede olvidar a sus padres?
Para muchos españoles, el perdón y el olvido significan ostentar el monopolio exclusivo de los derechos que les niegan a los demás.

Almudena Grandes

Manuel
#620

viernes, julio 09, 2010

Pulpo Fiction

Eine Molluske aus der Ordnung Octopoda, vulgo auch Krake genannt, erschüttert seit Tagen die Fußballwelt: Paul, das Oktopus-Orakel aus Oberhausen, hat bisher alle deutschen WM-Erfolge und Niederlagen korrekt "vorhergesehen" - und versöhnt nun mit seiner neuen Prognose vergrätzte deutsche Fans.



Auf Paul ist Verlass.
Der Achtarmer aus dem Oberhausener Sealife-Aquarium hat sich bisher nicht geirrt - und sich damit jede Menge Feinde gemacht:
"Der bescheuerte Krake lag richtig. Calamares für alle!", krakeelte es nach der Niederlage gegen Spanien im Internet.
Über Twitter hagelte es jede Menge Morddrohungen - vor allem in Form von Rezepten für die Pfanne oder den Grill.

Ausgerechnet Spaniens Regierungschef entwickelte neben Siegesfreude Mitleid für den deutschen Oktopus. "Ich mache mir Sorgen um ihn", sagte José Luis Rodriguez Zapatero.
Miguel Sebastián, spanischer Industrieminister, schlug sogar vor, das Tier vom Ruhrgebiet auf die Iberische Halbinsel zu bringen - aus Sicherheitsgründen.
Umweltministerin Elena Espinosa sprach Klartext: "Damit die Deutschen ihn nicht aufessen."


Ein Gedanke, den viele Deutschland-Fans nach der Niederlage gegen Spanien durchaus hatten.
Zuvor aber sollte Paul in einem urdeutschen, dunklen, muffeligen, fettverschmierten Imbiss an irgendeiner Oberhausener Ecke in Mayo und Jägersoße ertränkt und in besonders schmierig-altem Pommes-Öl frittiert werden, fanden manche.


Das Krakenorakel hat bei dieser WM immer Recht behalten: Es hatte außer der deutschen Schlappe gegen Spanien auch die Erfolge gegen Australien, Ghana, England und Argentinien sowie die Niederlage gegen Serbien prophezeit.

Entsprechend bibberten die Fans Pauls nächster Prophezeiung entgegen: Am Freitag wurden dem Oktopus erneut zwei Plexiglas-Boxen mit Miesmuscheln vorgesetzt. Eine Box beklebt mit der deutschen Flagge, eine mit der des Gegners Uruguay. Paul hat immer zuerst aus der Box mit der Fahne des späteren Siegers gefressen - dieses Mal entschied er sich nach längerem Zaudern für Deutschland.
Die deutschen Nachrichtensender n-tv und N24 übertrugen die Prognose, wie schon beim vorangegangenen Mal, live.
Weltweit ist Paul inzwischen ein Medienphänomen, das russische Radio und die "New York Times" berichteten über das Orakel von Oberhausen.

Zur diesjährigen WM übertrafen sich im übrigen die Orakel: In Singapur posaunte ein Papagei Prognosen heraus und prophezeite, dass die Niederlande den Pokal holen werden.
Der WDR-Radiosender 1Live befragt seit Beginn der WM Hamster Hansi, der auch den Finaleinzug der Niederlande korrekt voraussagte. Doch der orakelnde Vierbeiner irrte, als er sich zwischen zwei Apfelstückchen mit deutscher und spanischer Flagge entscheiden musste.

Anders "Pavel", eine Krakauer, die vom Himmel fiel und die Wahl zwischen einer Deutschland- und einer Spanien-Tasse hatte: Zielsicher segelte sie laut wurstblog.de in den Kaffee der Spanier.


Pauls Einsatz am Freitag war übrigens sein letzter: Er soll einen Nachfolger anlernen, sagt der Sealife-Chef.
Der mittlerweile zweieinhalbjährige Paul werde aufgrund seines Alters die EM 2012 nicht mehr tippen können.
"Oktopoden werden in der Regel zwei Jahre alt, bei idealen Haltungsbedingungen können sie maximal drei Jahre alt werden", erklärte der Sealife-Geschäftsführer.
"Wir schauen gerade, ob er jemanden anlernen kann."


Manuel
#619

domingo, julio 04, 2010

Milagros


La mano de Dios-y-de-la Virgen María


¿Despedida final?


San Iker


El fantasma de los cuartos


Manuel
#617

El árbitro

Se ha dicho que el partido de fútbol ideal es aquel que se gana con un penalti injusto fuera del tiempo reglamentario.
El error constituye la esencia de este deporte, generalmente aburrido, que utiliza la mayor parte de los noventa minutos de juego en un insulso peloteo en medio del campo, carente de emoción.
Solo el error clamoroso del árbitro es capaz de encender el fuego en las gradas, que al día siguiente llenará de disputas, de burlas y de gritos las oficinas y las barras de los bares.

Aparte de esto, es el único deporte que muestra ante el público el vigor de un veredicto inapelable.
En la vida ordinaria cualquier acción ante la justicia tiene posibilidad de recurso.
El delito tiene mil formas de escabullirse o de aplazar la sentencia y el agravio puede tardar años en ser reparado. Solo en el fútbol sucede un hecho ejemplar.

A estos futbolistas de élite, divos multimillonarios con novias espectaculares, con escudería de ferraris y maseratis, miles de fanáticos que les piden autógrafos y niñas adolescentes que se arañan el rostro al verlos de cerca y se agolpan para arrancarles los botones y llevárselos de recuerdo, he aquí que un árbitro, ante una simple protesta, les muestra la tarjeta roja, les manda a la caseta y ellos agachan la cabeza y obedecen.
Solo en el fútbol sucede que el acta redactada por el árbitro, en general, sea la primera y última instancia acatada por las autoridades deportivas.

De otro lado, el árbitro concierta todas las iras del público y asume los insultos, blasfemias y desplantes que el subordinado no puede lanzar contra su jefe en la oficina o en la fábrica.
Cuantos más errores cometa el árbitro más limpios y purificados por dentro salen del campo los espectadores al final del partido.
Me gustaban más los árbitros cuando vestían de negro. Ese atuendo era más acorde con el efecto expiatorio que tienen atribuido por la sociedad.
Hay partidarios de introducir la tecnología en el terreno de juego, pero si el fútbol es un deporte todavía excitante se debe al elemento irracional que introduce el árbitro con esa sensación de que su error en el penalti puede desencadenar un cataclismo en el universo.
No hay nada más ejemplar que esta justicia expeditiva: error, tarjeta roja y a la calle.
Atrévase usted a hacer eso con su jefe.

MANUEL VICENT 04/07/2010

Manuel
#616

sábado, julio 03, 2010

El humor gobierna Reikjavík

Jon Gnarr es el nuevo alcalde de Reikiavik.
El pasado diciembre fundó el Iceland's Best Party (el Mejor Partido de Islandia) y con él ganó hace poco las elecciones municipales con el 34,7% de los votos.
Jon Gnarr era conocido por salir en televisión y hacer reír a la gente con un personaje de mediana edad, calvorota y feúcho, de convicciones marxistas y con una infancia infeliz por culpa de la militancia feminista de su madre.
En su discurso de aceptación del cargo, y ante la previsible desconfianza del 65,3% de electores que no le votaron, intentó calmar cualquier ansiedad innecesaria:

"Nadie debe temer al Mejor Partido porque es el mejor partido", dijo.
"Si no lo fuera, sería llamado el Peor Partido o el Mal Partido.
Jamás trabajaríamos en una formación de esas características".


Durante la campaña, el Mejor Partido -en el que están casi todos los músicos punks de Reikiavik- prometió llevar un oso polar al zoo, repartir toallas gratuitas en las piscinas públicas, construir una Disneylandia cerca del aeropuerto y conseguir del Parlamento la liberalización de las drogas en 2020, entre otros asuntos de parecido calado.
Para tener una idea clara del estilo del nuevo regidor, conviene decir que advirtió que jamás entraría en un Gobierno de coalición con un partido en el que sus miembros no hubieran visto completas las cinco temporadas de The Wire, la serie de televisión.

Y eso fue lo que tuvieron que hacer los integrantes del partido socialdemócrata, con el que Gnarr ha pactado para gobernar Reikiavik. La primera medida del nuevo Consistorio fue permitir la entrada libre a las piscinas a todos los menores de 18 años.

Ser divertido no significa que no se sea serio, ha explicado el flamante alcalde.

Manuel
#615

4-0 Deutschland über Alles





...y Dieguito Mamando Mamadona



Manuel
#614