Adiós Narva

Manuel
#443
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Permítanme la generalización, pero nunca les he visto en trifulca alguna, ni bocinar en un atasco de tráfico, ni montar comidas campestres en los parques públicos, ni pasearse por las calles a la hora de la siesta con las ventanas abiertas de sus coches tuneados atronando al personal con raps chinomandarinos. Circunspectos en el vestir, rechazan esa moda crecientemente extendida de pensar que el mejor traje de gala es una camiseta de Ronaldo (el del Madrid) o del sueco con nombre yugoslavo (el del Barça).
Supongo que amarán a su país, pero no se pasan el día dando el coñazo con su nacionalismo, ni te echan en cara lo orgullosos que están de ser chinos, ni sacan a pasear su bandera (¡quién inventaría estos trapos ridículos!) a la menor ocasión.
Allá donde van, se acomodan a las normas.
Y en lugar de exhibir sus diferencias, se dedican a aprender y a prosperar.
Qué envidia da ver a los escolares chinos haciendo los deberes en la trastienda del todo a cien, repasando con esmero esos preciosos pictogramas de su caligrafía, silenciosos, obedientes.
Igualitos que nuestros queridos colegiales, generalmente chillones e insolentes, con la Play en la mano dale que te pego, y presumiendo de malos modos.
Cuando entras a una de sus tiendas, te sonríen y se muestran solícitos pero sin ser pesados.
Siempre tienen cambio, no importa si te llevas un elefante de loza tamaño natural o una bolsa de gominolas. Y aunque no dudo de que tengan problemas personales e ideología, no se los trasladan a sus clientes como algunos de nuestros celebrados taxistas. ¿Cuándo se harán con el sector y podremos, por fin, coger un taxi sin temor a tener que tragarnos la baba del locutor justiciero de las mañanas, o a que nos relaten una vez más las nueve Copas de Europa?
Pero si hasta llevan bien sus leyendas urbanas, ya sabe, eso de que nadie ha asistido al funeral de un chino o que alrededor de sus restaurantes no proliferan los animales domésticos.
Donde cualquier otro grupo armaría un pollo discriminatorio, los chinos ponen una mueca de condescendencia y siguen a lo suyo.
Deberíamos aprender mucho de los chinos. Nos conviene.
No queda mucho para que sean ellos los que entren en la tienda y nosotros los que tengamos que atenderles.



A continuación les ofrezco los ingredientes -con sazón latina- y su preparación.
1. Millones de pobres. Una abrumadora mayoría de la población a la que siempre se le ha prometido mucho y dado poco.
2. Gran dosis de desigualdad. Pobreza inimaginable que coexiste con fortunas incalculables.
3. Injusticia, exclusión social y discriminación racial.
4. Corrupción en abundantes cantidades.
5. Élites políticas y económicas complacientes y seguras de que "aquí no va a pasar nada".
6. Partidos políticos muy desprestigiados.
7. Una clase media apática y desilusionada de la democracia, la política y los políticos.
8. Parlamento, poder judicial y Fuerzas Armadas puestas a un largo remojo que les haya "suavizado" la espina dorsal. Es importante asegurar que en estas instituciones reine la ineficiencia, la indolencia y la corrupción. Debe ser fácil comprar a un juez, un senador o un general.
9. Medios de comunicación cuyos propietarios los utilizan principalmente para promover sus propios intereses comerciales o electorales.
10. Una superpotencia extranjera neutralizada o distraída por otras prioridades y congestionada de emergencias.
11. Apatía mundial y una opinión pública internacional con déficit de atención.
12. Un enemigo externo fácil de denunciar como una amenaza a la nación o como la causa de algún problema importante. La CIA es ideal. Un país vecino también sirve. O inmigrantes con otro color de piel. Si no, siempre están los judíos y el Mosad.
12. Brigadas de choque "populares" bien armadas y entrenadas para romper las cabezas -y más- de los miembros de la sociedad civil que osen reaccionar a los avances de "la revolución del pueblo". No hace falta que estas brigadas sean numerosas; sus miembros deben ser violentos y estar dispuestos a todo "en nombre de la revolución". Su vínculo con el Estado debe siempre quedar oculto. Las cárceles son buenos centros de reclutamiento para estas "brigadas populares".
1. Sacúdase bien a la población más pobre con la campaña de polarización y conflicto social más intensa y agresiva que sea posible. La armonía social es un obstáculo que debe eliminarse, mientras que el odio entre grupos sociales debe ser llevado a su máximo. Esto es fácil de lograr si se cuenta con los ingredientes descritos arriba.
2. Llegar al poder gracias a una elección democrática. Esto se facilita si los partidos tradicionales están desprestigiados y el contrincante es un empresario neófito o un miembro de las clases políticas que siempre han dominado el poder.
3. Ganar toda nueva elección. Como sea. Hacer lo que haga falta. Pero nunca dejar el poder. Las elecciones no son para eso.
4. Cambiar los altos mandos militares promoviendo a oficiales de probada lealtad al presidente y su "proyecto". Premiar con promociones y beneficios materiales a los oficiales leales y castigar a los poco entusiastas. Espiar a todos todo el tiempo.
5. Hacer lo mismo con jueces y magistrados.
6. Una vez completado el paso anterior, proponer cambios constitucionales para ser aprobados mediante un referéndum nacional. En ese referéndum estimular la abstención de la oposición.
7. La nueva Constitución debe garantizar todo tipo de derechos a los ciudadanos -muy especialmente a los más pobres-, a la vez que minimiza sus deberes y obligaciones. Prometer que la nueva Constitución aliviará la pobreza y disminuirá la desigualdad. También debe tener normas poco comprensibles que concentren el poder en el presidente y permitan su reelección indefinida.
8. Desprestigiar, minimizar y reprimir a la oposición política.
9. Controlar a los medios de comunicación. Tolerar algunos medios críticos contra el Gobierno que tengan pocos lectores o telespectadores, como ejemplo de que se respeta la libertad de expresión.
10. Repetir el paso número tres. Indefinidamente.