Mostrando entradas con la etiqueta El conflicto de Oriente Próximo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El conflicto de Oriente Próximo. Mostrar todas las entradas

domingo, junio 20, 2010

Asedio medieval

El director de la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos), el irlandés John Ging, tenía previsto pronunciar el pasado día 1, en la London School of Economics, una conferencia titulada Ilegal, inhumano e insensato: el asedio medieval a Gaza en 2010. A través de una política de sitio, que dura ya casi tres años, un millón y medio de palestinos han sido aislados, empobrecidos y en gran parte ignorados por el mundo exterior, clama Ging, un ex militar y diplomático de 45 años, acostumbrado a escenarios terribles y escandalizado por lo que presencia sistemáticamente en la franja palestina.

El asedio que padece Gaza es una medida medieval que amenaza con destruir las mentes y las perspectivas de futuro de cientos de miles de inocentes, una operación destinada a aniquilar la estructura de una sociedad civilizada, protesta Ging, encargado desde 2006 de distribuir la magra ayuda internacional en el territorio: 450 millones de dólares para 1,5 millones de personas que viven en un espacio equivalente a la mitad de la superficie de la ciudad de Madrid, muy afectado además por los bombardeos israelíes de diciembre de 2008 y enero de 2009 que destruyeron cientos de instalaciones civiles y viviendas. (La UNRWA colecta fondos para Gaza en la página http://www.yotambienmesumo.org).

Era este cerco, que destruye "las mentes y el futuro", lo que pretendían romper quienes viajaban en la flotilla asaltada violentamente, precisamente el día 1, por los militares israelíes. A
squeados por la pasividad de la comunidad internacional, de los Gobiernos occidentales, indiferentes ante el destino de los miles de inocentes que sufren el asedio, un grupo de hombres y mujeres aceptó participar en una operación destinada a llamar la atención sobre Gaza. Nunca pensaron que podría costarles la vida. Simplemente creyeron, como aseguró el escritor sueco Henning Mankell, que cuando se habla de solidaridad, "uno debe saber que es la acción lo que prueba el compromiso".

La activista Lauren Booths, que participó en otro intento anterior de romper el cerco, lo explicó muy bien en The Guardian: "Nuestra misión es simplemente mostrar a la población de Gaza que hay gente normal que se preocupa por su apremiante situación. Que sabemos de su miedo, de la prisión en la que están obligados a vivir. Y que tipos corrientes de buen corazón hacen lo que pueden para llevar su sufrimiento ante los ojos del mundo".

Sería importante que la ONU abriera una investigación formal sobre lo ocurrido en el Mavi Marmara, porque, aunque ahora pueda parecer que Israel goza de completa impunidad, interesa establecer que existen leyes internacionales y que si esas leyes han sido violadas, llegará el día, antes o después, en el que las autoridades de Tel Aviv, como las de cualquier otro país, deberán rendir cuentas y asumir culpas.

Pero, sobre todo, importa acabar con el asedio a Gaza y con el escándalo de una población civil sometida a un castigo colectivo que prohíben claramente las leyes internacionales.
Sancionar a Israel, como propone Menkell, ayudaría a salvar a los israelíes, como el aislamiento internacional de Sudáfrica ayudó en su día a salvar el futuro de los sudafricanos.
Cualquier castigo sería mejor para los israelíes que la cruel ceguera de unas declaraciones del ministro de Defensa, Ehud Barak, recogidas esta semana por el diario Haaretz:
"Estamos en una zona donde no hay piedad para el débil, donde no hay segundas oportunidades para quienes no se defiendan a sí mismos".

Seguramente el ministro pretendía referirse a Israel como víctima.
La realidad es que su pensamiento es perfectamente aplicable a los palestinos, a quienes nadie puede negar su condición de inferioridad frente al poderoso Ejército israelí, y que es exactamente ese consejo (no hay segunda oportunidad para quien no se defienda a sí mismo) el que hace que muchos palestinos crean que su única salida es hacer algún día suficiente daño a Israel como para que acepte que no puede pagar el coste de la ocupación.

Guerras sinérgicas

La guerra suele ser un juego de suma cero. Lo que gana uno lo pierde el otro.
Pero con frecuencia es una sustracción: todos pierden en distinto grado.
La paz suele ser sinérgica, es decir, todos sacan algún provecho.
Lo extraño es encontrarse con una guerra o una acción violenta con efectos sinérgicos:
que todos los bandos se sientan victoriosos y consideren que sus posiciones salen reforzadas.

Esta situación es muy propia de las guerras asimétricas, en las que participan agentes heterogéneos: potencias militares frente a grupos terroristas o guerrilleros, o Estados frente a mafias.
Y también de las regiones más convulsas del planeta donde abundan estos nuevos agentes armados de la nueva globalidad. Este es el caso de Oriente Próximo, donde hemos visto como mínimo dos guerras, la de Líbano en el verano de 2006 y la de Gaza entre diciembre de 2007 y enero de 2008, en las que Israel consideró alcanzados sus objetivos y sus enemigos, Hezbolá y Hamas respectivamente, también se declararon vencedores a pesar de sus horrorosas y desiguales pérdidas en vidas humanas de combatientes y civiles.

Ahora la intifada del mar iniciada por la flotilla de la solidaridad, que quería llevar su ayuda humanitaria a Gaza, ha desembocado de nuevo en una batalla sinérgica, en la que los dos contendientes salen reforzados en sus respectivas posiciones.
El Gobierno de Israel se siente vencedor del envite, exhibiendo su desprecio a la reacción internacional, y tiene buenas razones para ello. Ha conseguido su objetivo, que era mantener su capacidad de disuasión ante el más leve intento de levantar el bloqueo sobre Gaza: aviso para navegantes, y nunca mejor dicho.
También se sienten vencedores los organizadores de la flotilla, pues han conseguido en pocas horas que Egipto levantara el bloqueo de la franja y han situado en el centro del debate internacional e incluso de la negociación de la paz entre israelíes y palestinos la situación inhumana en la que se encuentran su millón y medio de habitantes.

Esas batallas sinérgicas también pueden esparcir efectos benéficos en la zona.
Turquía es la potencia emergente que saca mayor rédito en prestigio, influencia y capacidad de maniobra. Irán sale del rincón en el que le quería meter Estados Unidos.
Pero fuera ya no: Obama sale perdedor de esta batalla ajena.
El proceso de paz está de nuevo en el aire; tiene menos capacidad de presión sobre Irán; su imagen en el mundo árabe y musulmán queda deteriorada por su debilidad ante Netanyahu; y disminuida su influencia en una región donde sus dos aliados estratégicos, Turquía e Israel, se hallan al borde de la ruptura.
A largo plazo, también Israel pagará los platos rotos por este Gobierno que siempre prefiere hacer la guerra en nombre de la seguridad que contenerse para facilitar la paz.

LLUÍS BASSETS 06/06/2010


El novelista y dramaturgo Henning Mankell era uno de los viajeros de la flotilla que intentó romper el bloqueo de Gaza y fue interceptada a tiros en aguas internacionales, el 31 de mayo, por la Marina israelí.
Ha escrito un diario de ese viaje en el que narra cómo una expedición organizada sin voluntad de enfrentamiento derivó en un baño de sangre y en múltiples humillaciones.

» EN EL MAR. 4.30 horas.

Acabo de conciliar el sueño, cuando me despiertan.
Ya en cubierta, compruebo que el gran buque de pasajeros está iluminado por potentes focos.
De repente, se oyen unos disparos.
Y comprendo que Israel se ha decantado por la vía del enfrentamiento brutal.
En aguas internacionales.

Transcurrida una hora exactamente, los botes de goma se acercan veloces llenos de soldados enmascarados que inician el abordaje de inmediato. Nos reunimos en el puente de mando.
Los soldados se muestran impacientes y quieren que bajemos a cubierta. Alguien se demora y lo atacan con una descarga eléctrica en el brazo. El hombre cae al suelo.
Otro hombre que tampoco se movía con celeridad suficiente recibe el impacto de una bala de goma. Y todo esto sucede allí mismo, a mi lado. Es absolutamente real.
Personas totalmente inocentes tratadas como animales y castigadas por su lentitud.

Nos agrupan en cubierta.
Y allí permaneceremos durante once horas, hasta que el barco atraca en Israel.
Los soldados nos filman de vez en cuando, aunque no tienen ningún derecho a ello.
Al verme tomando unas notas, uno de los soldados se me acerca enseguida y me pregunta qué escribo. Es la única ocasión en que pierdo los estribos. Le contesto que no es de su incumbencia.
Sólo le veo los ojos y no sé lo que está pensando, pero al final da media vuelta y se marcha.

Once horas inmovilizados, amontonados en medio de aquel calor, puede ser un método de tortura.
Para ir a orinar, hay que pedir permiso. Galletas, biscotes y manzanas es cuanto nos dan para comer. Tomamos una decisión conjunta: no pedir que nos permitan cocinar. Nos filmarían y lo presentarían como un acto de generosidad por parte de los soldados. Así que nos conformamos con las galletas y los biscotes. Es una humillación sin igual. (Entre tanto, los soldados han sacado los colchones de los camarotes y ahora duermen al fondo de la cubierta de popa).

Durante esas once horas tengo tiempo de concretar lo sucedido.
Nos han atacado mientras nos hallábamos en aguas internacionales, lo que implica que los israelíes han actuado como piratas, no mucho mejor que los que operan en las costas de Somalia.
Por otro lado, en el momento en que obligaron a nuestra nave a poner rumbo a Israel, nos estaban secuestrando. Su intervención es completamente ilegal.

Entre tanto, nosotros intentamos hablar, dilucidar qué sucederá, y nos preguntamos cómo es posible que los israelíes hayan optado por una solución que los aboca a un callejón sin salida.
Los soldados nos observan. Algunos fingen que no saben inglés, pero todos lo hablan y lo entienden. Dos de ellos son muchachas. Parecen preocupadas.
Quizá después, cuando hayan terminado el servicio militar, decidan huir a Goa a destrozarse la vida drogándose. Sucede constantemente.

» 18.00 horas.

Un muelle en algún lugar de Israel. No sé dónde.
Nos obligan a bajar a tierra y a iniciar una suerte de carrera entre dos filas de soldados, mientras que la televisión militar filma todo el suceso. De pronto se me ocurre que eso, precisamente eso, es algo que nunca les perdonaré. En ese instante sólo pienso en bestias y cerdos.

Nos dispersan, no nos permiten que hablemos unos con otros.
De pronto aparece a mi lado un hombre del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel.
Comprendo que ha venido para impedir que me dispensen un trato demasiado brusco.
Después de todo, soy un escritor bastante conocido en Israel. Mis obras están traducidas al hebreo.
El hombre me pregunta si necesito algo. "La libertad, la mía y la de los demás", respondo.
El hombre no me contesta y le pido que se marche, pero él da un paso atrás y se queda allí, cerca de mí.

Como es obvio, no hago ninguna confesión. Me comunican que seré deportado.
El hombre que me lo anuncia me dice enseguida que le gustan mis novelas.
En ese momento pienso en la posibilidad de procurar que ninguno de mis libros vuelva a traducirse al hebreo. Es una idea que no he terminado de madurar.

El ambiente que reina en aquella "sala de recepción de refugiados" es invariablemente caótico y crispado. A cada minuto golpean a uno, amarran a otro, esposan a un tercero.
Me repito que, cuando lo cuente, nadie me creerá, pero hay muchos ojos que lo registran todo.
Y muchos serán los que deban admitir que es verdad cuanto digo. Los testigos oculares somos multitud.

Un único ejemplo debería bastar.
Justo a mi lado, un hombre se niega a dejar sus huellas dactilares. Acepta que lo fotografíen, pero ¿las huellas? No ha cometido ningún delito. Opone resistencia. Y lo golpean hasta que cae al suelo. Luego se lo llevan de allí. Quién sabe adónde.
¿Cómo calificar semejante acción? ¿Repugnante? ¿Inhumana? Elijan libremente.

» 23.00 horas.

Al parlamentario, a la doctora y a mí nos conducen a una prisión provisional.
Allí nos separan. Nos arrojan unos bocadillos resecos como un trapo.
La noche se hace larga. Uso de almohada las zapatillas de deporte.

» Martes 1 de junio. Por la tarde.

Al parlamentario y a mí nos conducen de improviso a un avión de Lufthansa. Van a deportarnos.
Nos negamos a subir sin saber qué será de S. Salimos del calabozo en cuanto nos aseguran que ella también vendrá con nosotros.

Ya a bordo del avión, una de las azafatas me trae un par de calcetines: uno de los soldados que atacaron el barco donde me encontraba me los había robado.

Así muere parte del mito del soldado israelí, valeroso e infalible.
Ahora, además, puede añadirse que son simples ladrones. No fui yo el único al que le robaron el dinero, las tarjetas de crédito, la ropa, el reproductor de música, el ordenador...
Otro tanto les sucedió a muchos de los que iban a bordo del mismo barco que, un día, a hora muy temprana, sufrió el ataque de soldados israelíes enmascarados o, lo que es lo mismo, de unos piratas disfrazados.

Bien entrada la noche, ya estamos de regreso en Suecia. Hablo con los periodistas.
Más tarde me siento un rato en la oscuridad, en el jardín de la casa donde vivo. E. se muestra taciturna.

Al día siguiente, el 2 de junio, oigo el canto del mirlo. Un canto por los que han muerto.

Ahora queda todo lo que debemos hacer para no despistarnos del objetivo: conseguir que se levante el brutal bloqueo de Gaza. Lo conseguiremos.

Detrás de ese objetivo aguardan otros.
La desarticulación de un sistema de apartheid lleva tiempo. Aunque no una eternidad.


Manuel
#607

lunes, junio 14, 2010

Los 'guays' del victimismo

"Los cocodrilos vierten lágrimas cuando devoran a sus víctimas. He ahí su sabiduría",
afirmaba el filósofo y estadista británico sir Francis Bacon hace 400 años.
Y habrá que convenir que sigue vigente a la vista de lo que sucede en 2010.

Aprecien si no la estrategia del Gobierno de Israel, que mantiene un bloqueo ilegal sobre Gaza, condenando a la miseria a un millón y medio de palestinos, y que ataca en aguas internacionales a la llamada flotilla de la libertad, abordando sus naves y matando a nueve activistas en el Mavi Marmara, so pretexto de que se trataba de terroristas y que, por tanto, los soldados asaltantes actuaban en legítima defensa.

Lo cierto es que al atacar a buques pacíficos en aguas internacionales, la Marina israelí incurrió presuntamente en una violación del Derecho Internacional a la libertad en alta mar, aunque técnicamente no se le pueda llamar piratería, nueve delitos de asesinato y decenas de secuestros al obligar a las naves a dirigirse al puerto de Ashdod. El Ejecutivo israelí ha mantenido en todo momento que ellos eran los atacados, es decir, las víctimas.
Sin embargo, ese discurso se desmorona cuando todos esos supuestos terroristas que viajaban en la flotilla -entre ellos el escritor sueco Henning Mankell-, en lugar de quedar presos acusados de gravísimos delitos en Israel, país al que teóricamente atacaban, fueron repatriados a sus países de origen.
O eran terroristas, y entonces deberían estar en la cárcel, o no lo eran, y como ha ocurrido, los han devuelto a sus casas.

Parece evidente que el Gobierno y el Ejército israelí se han convertido en los guays del victimismo.
Son tan estupendos que van por la vida de víctimas, pero sin embargo actúan con la soberbia, prepotencia y desproporción con la que lo hacen los opresores.
El caso chirría tanto que hace ruborizarse de vergüenza a sus aliados.

Algo parecido, aunque a distinto nivel, ocurre con el Partido Popular y su personación como acusación popular en el caso Gürtel, la red de corrupción dirigida por Francisco Correa que afecta a varios altos cargos de ese partido al menos en Madrid y la Comunidad Valenciana.

Se trata de una personación que solo tiene sentido si va encaminada a demostrar que la actuación de los acusados fue tan perjudicial para el PP que no le basta con que les acuse el fiscal -encargado de defender la legalidad- porque su propia exigencia de responsabilidades va a ser más dura e implacable.
Es decir, que el mensaje a transmitir a los ciudadanos -estos sí, auténticos perjudicados- es que el PP es la principal víctima de la actuación de sus cuadros.

Sin embargo, como en el caso de Israel, una cosa es lo que dice y otra lo que hace.
Porque el PP, lejos de actuar como acusación, está funcionando como la mejor de las defensas.
Claro que no todos los imputados tienen la suerte de beneficiarse de esa actuación porque hay acusados de primera -como el ex tesorero del partido Luis Bárcenas o el presidente valenciano Francisco Camps- a los que se defiende más allá de toda duda, y los, digamos, prescindibles.

El PP ha desplegado una intensa campaña contra el primer instructor del caso, Baltasar Garzón, al que llegó a recusar, hasta que el Consejo del Poder Judicial, en un pleno extraordinario convocado por los vocales que habían sido elegidos a propuesta de los populares, le suspendió en sus funciones, cercenándole una salida honorable de servicios especiales en la Corte Penal Internacional.

En ese proceso de situarse como víctima frente al mundo, el PP ha acusado a la policía y a la Fiscalía Anticorrupción de fabricar pruebas falsas contra ellos y de perseguirles por motivos políticos y electorales.

Ahora le ha tocado el turno al juez Antonio Pedreira, impugnando que remita las pruebas de la corrupción a Valencia, para que no puedan servir para juzgar a Camps.

El traje de víctima con el que el Partido Popular se ha revestido le queda grande, porque quién va a creerse que es el perjudicado por la ilícita actuación de sus altos cargos, cuando Rajoy se comprometió a pagar la minuta del abogado de Bárcenas -una minucia de 200.000 euros- y este, a pesar de estar dado de baja en el partido, mantiene un despacho en la sede de Génova -la sala Andalucía- para guardar sus papeles.

Quizá Rajoy acabe formulando la pregunta que se hacía Groucho Marx en Sopa de ganso :
"¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?"

JOSÉ YOLDI 14/06/2010

Manuel
#602

domingo, junio 06, 2010

¿Inexplicable?

Circulan hipótesis varias sobre la razón del operativo militar israelí que causó la muerte de nueve a 16 pasajeros del buque de bandera turca Mavi Mármara, decenas de heridos, el secuestro de la flotilla que transportaba 10 toneladas de ayuda humanitaria para Gaza -bloqueada desde 2007 e invadida en 2008- y la detención de casi 700 personas, puestas en libertad después de sufrir vejámenes de todo tipo.

Las explicaciones oficiales de Tel Aviv son inquilinas del ridículo: los agredidos son agresores y los agresores, agredidos, los llevados a Israel a la fuerza son inmigrantes ilegales, quienes socorren a palestinos hambreados son cómplices de Hamás primero, terroristas de Hamás después, etcétera.
Es vieja, muy vieja, la técnica del victimario victimizado.

El primer ministro Netanhayu justificó el ataque porque hay que impedir que Hamás reciba armas "por aire, mar y tierra" -obviando el hecho de que las recibe por túneles convenientemente excavados- y afirmó que ninguna protesta lo llevará a levantar el sitio de Gaza.
Es la cuestión de fondo: Tel Aviv no ha renunciado al sueño del Gran Israel y el cerco impuesto a Gaza perjudica, más que a Hamás, a sus habitantes, que ya sufrieron la Operación Plomo Fundido que segó la vida de 1.300 civiles palestinos.
Esto, en buen castellano, se llama limpieza étnica y también su historia es vieja.

El ideólogo del sionismo revisionista, Zeev Jabotinsky, declaró hace 83 años que la única manera de imponer el Estado judío era aplastar a los árabes.
No extraña que Ron Torossian, el organizador de la manifestación Estamos con Israel frente a la misión de Turquía ante la ONU, propinara esta opinión:
"Creo que debemos matar a 100 árabes o a 1.000 árabes por cada judío que ellos matan" (//gravker.com, 1-6-10).
¿Por qué no 100.000, un millón?
¿Acaso Ariel Sharon no fue responsable en 1982, por interpósita milicia, de la matanza de casi 500 civiles palestinos inermes en los campos de refugiados de Sabra y Shatila?
Si esto es ideología, habrá que cambiar la definición de la palabra ideología.

La dirigencia israelí parece guiada por otro concepto central de Jabotinsky: "Sostenemos que el sionismo es moral y justo. Y dado que es moral y justo, hay que hacer justicia aunque José o Simón o Iván o Ajmed no estén de acuerdo", sostuvo en un ensayo que publicó la revista rusa Raavyet en noviembre de 1923.
Carlo Strenger, profesor de la Universidad de Tel Aviv, llamó "mentalidad de búnker" a la imperante en el país: Israel "no escucha la crítica, sea interior o sea exterior. Esa incompetencia es reforzada por la soberbia: Israel está enamorado de la idea de que tiene razón y que todos los demás se equivocan; por lo tanto, es incapaz de admitir que la política que aplica a los palestinos ha sido desastrosa" (www.haaretz.com, 2-6-10). Strenger cita al filósofo francés Bernard-Henri Lévy, un ferviente defensor de Israel, quien tildó de "autismo político" este pensamiento que atribuye a los dirigentes israelíes: "El mundo no nos entiende y nos condena si hacemos y nos condena si no hacemos, así que hacemos lo que queremos". Jabotinsky redivivo.

Estados Unidos siempre ha brindado el espacio internacional necesario para que esa voluntad se cumpla pese a todo.
"La única democracia en la región", según la Casa Blanca, no vacila en espiar al Gobierno estadounidense en ese hacer lo que quiere. La reacción de Obama ante el ataque a la nave turca y el baño de sangre consiguiente, fue débil. No lo condenó siquiera, solo pidió una aclaración de los hechos y aceptó que Tel Aviv rechazara el establecimiento de una comisión investigadora internacional. El mandatario norteamericano se convierte así en cómplice de la no investigación que habrá. Fue el vicepresidente Joe Biden quien brindó una suerte de posición oficial sobre el tema: defendió el bloqueo de Gaza y manifestó que Israel "tenía el derecho a saber" qué carga llevaba el navío. Recuérdese que Netanyahu le dio una bofetada política a Biden cuando este lo visitó en marzo pasado: el vice venía a alentar el proceso de paz palestino-israelí y el primer ministro anunció la construcción de 1.600 edificios nuevos en territorio palestino ocupado. Se ve que Biden es un hombre perdonador.
Es improbable que se produzcan cambios en la estrecha, muy íntima, relación Estados Unidos-Israel.

Cabe reconocer que, a diferencia de Tel Aviv, Washington no tiene problema en abandonar a sus ciudadanos en apuros.
Alrededor de 10 estadounidenses viajaban en el convoy de ayuda humanitaria a Gaza, entre ellos: Joe Meadors, señalero de la fragata USS Liberty cuando la bombardearon aviones y lanchas lanza-torpedos de Israel en 1967; Ann Wright, coronela (R) del Ejército de EE UU; Edward L. Peck, ex subdirector del grupo de tareas antiterrorista del gabinete de Reagan.
Todos terroristas, naturalmente.

Juan Gelman, poeta argentino, es premio Cervantes 2008.

Manuel
#596

Agresores, víctimas e incomprendidos

El asalto al Mavi Mármara, el pasado lunes de madrugada, demostró de nuevo un curioso fenómeno perceptivo: ante unas mismas imágenes, ante unos mismos hechos, el mundo en general tiende a ver una cosa e Israel tiende a ver otra cosa muy distinta.
Hace años que eso ocurre. Se trata de una cuestión de foco.
El mundo no ha dejado de percibir que Israel mantiene territorios bajo ocupación y que los palestinos padecen una situación esencialmente injusta.
Israel, en cambio, parece incapaz de ver eso. Perdida esa referencia esencial, se siente sometido a constantes agresiones y no se explica la incomprensión ajena.

Desde el momento de su fundación, en 1948, Israel gozó de amplias simpatías en todo el planeta.
Pesaba el recuerdo reciente de Auschwitz y el exterminio, y pesaba el genérico remordimiento europeo, pero más importante aún era la situación del nuevo Estado: un pequeño territorio sometido a la agresión de los países árabes vecinos. Se comprendían los actos de terrorismo (el asesinato del enviado de la ONU, la bomba en el hotel King David, etcétera) y se justificaba la expulsión de palestinos porque Israel era percibido como víctima.
Una víctima, además, en sintonía con las ideas predominantes en la posguerra: Israel era un país laborioso, laico, socializante.

La victoria israelí en la guerra de 1948 contra sus vecinos fue percibida como una gesta descomunal.
El fiasco de la invasión de Egipto junto a británicos y franceses en 1956 no empañó apenas su imagen y la épica alcanzó su nivel máximo en la Guerra de los Seis Días de junio de 1967, tras la que Israel conquistó a Jordania Jerusalén Este (incluyendo la Ciudad Vieja) y toda Cisjordania, a Egipto el Sinaí y a Siria el Golán. Los conservadores occidentales contemplaban Israel como una punta de lanza geoestratégica; los progresistas, como un modelo social.
El relato palestino de los acontecimientos, y el árabe en general, no formaban todavía parte del relato que escuchaba el resto del mundo.

Las cosas empezaron a cambiar poco después.
Las revueltas de 1968 y la aparición de la Organización para la Liberación de Palestina como fuerza independiente modificaron algunos puntos de vista externos.
Dentro de Israel, cuyos dirigentes aseguraban que estaban dispuestos a devolver de inmediato los territorios ocupados a cambio de acuerdos de paz, también se registraron cambios profundos.

En Pascua de 1968, un grupo de familias religiosas judías alquiló por unos días un hotel de Hebrón, en el corazón de Cisjordania.
Pasados los días, las familias se atrincheraron en el hotel y se negaron a marcharse: ¿cómo podía negarse el derecho de los judíos a vivir en la ciudad donde Abraham compró su primer pedazo de tierra?
El Gobierno laborista cedió y envió soldados a proteger a aquellos primeros colonos.
Fue el inicio de un proceso de colonización que se hizo imparable.

Para un cierto número de israelíes, incluyendo laicos, la gran victoria de 1967 había sido un milagro, un don de Dios. Costaba rechazar un regalo divino.
Y costaba desprenderse del Israel histórico, prácticamente todo él en Cisjordania (lo que Israel llama Judea y Samaria), que incluía la adorada Jerusalén, evocada durante dos milenios de exilio.

El dilema ante el regalo provocó un terremoto político interno.
El laborismo, que había aceptado (al menos como punto de partida) la partición de Palestina establecida por la ONU y había fundado el país, se derrumbó ante los revisionistas del Likud y las fuerzas ultrarreligiosas, que siempre habían reivindicado el Gran Israel, desde el Jordán hasta el mar.

Israel entró desde entonces en su segundo estado de autohipnosis.
El primero fue el fundacional: el sionismo consistía en crear un país en un territorio supuestamente vacío ("un pueblo sin país para un país sin un pueblo"), obviando la existencia de los árabes palestinos. El segundo se refirió, y se refiere, a Cisjordania.
Ante la enorme cuestión existencial sobre si mantener o renunciar a la tierra del Israel bíblico, ante los tremendos desgarros internos que podía causar el simple hecho de plantear la cuestión (recuérdese el asesinato del primer ministro Rabin, que ofrecía a los palestinos una modesta autonomía dentro de una parte de Cisjordania), la clase política y la mayoría de los ciudadanos prefirieron obviar el asunto.

Israel ha cambiado en las últimas décadas.
La interiorización del Holocausto y su omnipresencia, la sucesión de ataques terroristas, la llegada de más de un millón de judíos de la URSS con agudos instintos ultranacionalistas, el auge de los sentimientos religiosos y la equiparación de la Biblia con un contrato de propiedad territorial, el progresivo aislamiento diplomático, el fracaso en Líbano, el fortalecimiento de una amenaza como la de Irán y sus acólitos Hezbolá y Hamás, han forjado para los israelíes una nueva imagen de sí mismos.
Paradójicamente, se sienten fuertes y se ven débiles.

Los israelíes, ahora, no ven en el espejo nacional una potencia ocupante que bloquea Gaza y raciona los alimentos de sus habitantes, que decide dónde y cuándo puede ir un palestino de Cisjordania dentro de su propia ciudad, que obtiene un notable beneficio económico de la ocupación y mantiene una abrumadora superioridad militar sobre todos sus vecinos.
Se miran al espejo y ven una víctima.

El viceministro de Asuntos Exteriores, Danny Ayalon, pronunció el lunes una frase reveladora, y sin duda sincera, en un mensaje dirigido a los judíos en el extranjero poco después del asalto al navío turco Mavi Mármara:
"Gracias por escuchar, por comprender, por defender y por intentar colocar las cosas en la perspectiva correcta, recordando que nosotros somos aquí las víctimas y que somos nosotros quienes nos vemos obligados a emprender estas acciones para defendernos".
También debía ser sincero el primer ministro, Benjamín Netanyahu, cuando denunció la "hipocresía internacional".

Por supuesto, en Israel hay asociaciones, periodistas y ciudadanos que combaten esta percepción. Pero son minoría.
La mayoría no comprende que el mundo no comprenda: decenas de personas atacaron a los soldados en el Mavi Mármara, Hamás sigue preconizando la resistencia violenta y la destrucción de Israel, desde Gaza se lanzan cohetes, los colonos de Cisjordania son atacados a pedradas, Irán profiere mensajes apocalípticos mientras desarrolla su programa nuclear, crece el terrorismo islamista; ¿cómo no ve el mundo todo eso?

El caso es que eso se ve desde fuera.
Pero también se ve lo otro, la tragedia humanitaria del bloqueo, el drama palestino.
Y el uso que Israel hace de la amenaza terrorista (ya todo acto hostil es terrorismo) para sentirse víctima, y no potencia ocupante.

ENRIC GONZÁLEZ - Jerusalén - 06/06/2010

Manuel
#595

sábado, junio 05, 2010

Pirates of the Mediterranean









Manuel
#593

Un ejército insurgente puede armarse en la cocina

Reflexión a tenor de las ridículas declaraciones del embajador de Israel en España, que no es el peor de las huestes del cuerpo diplomático sionista: todos piensan así y han estudiado en la escuela para prepotentes e inmunes de su país.

Reflexión, digo. Si el calumniado y martirizado Gobierno de Israel y sus fans consideran que eso son peligrosas armas de ataque frente a sus tanques, sus helicópteros, sus droner, sus fusiles automáticos y sus artefactos nucleares, sus bombas de racimo y sus bombas quimicas, debe de ser verdad.
¿Cómo pueden equivocarse los portavoces y portacoces del pueblo elegido?
Y si ellos no pueden errar, y si yo, ahora mismo, dispongo en el cajón superior de mi cocina de una selección de mortíferos instrumentos, y otro tanto ocurre en la mayoría de los hogares del mundo…

La conclusión es fácil: ¿qué nos impide agarrar nuestros pertrechos, enfundarnos nuestra cubertería, organizar una superflota y atacar a Israel ?
¡Puede que incluso logremos arrancarles las bombas atómicas!
Todo eso, siguiendo la lógica de ese miserable.

http://www.marujatorres.com/

Manuel
#592

No hay nada que salvar si te pierdes a ti mismo

Se llama Sicham Levental, tiene 27 años y fue soldado del Ejército de Israel.
Cuando se licenció se juntó a otros ex soldados en lo que acabaría siendo el movimiento Breaking The Silence (Rompiendo el silencio) que trata de explicar a los propios israelíes que lo que hacen a los palestinos es una indignidad. Estos días está en España para promocionar el movimiento y una exposición con fotografías de soldados (Círculo de Bellas Artes de Madrid, del 10 al 20 de junio) que denuncian la represión contra los palestinos.
"No lucho sólo por los palestinos", dice, "no lucho sólo por los derechos humanos, lo hago también por Israel, porque quiero que sea una sociedad moral".
Y concluye: "No hay nada que salvar si te pierdes a ti mismo".

Sicham Levental come contento el humus de garbanzos mientras la brisa mitiga el día de un caluroso junio barcelonés.
Comenta que los acontecimientos de la flotilla humanitaria que pretendía alcanzar Gaza son graves, pero "lo más grave es que no se trata de un caso aislado. Lo grave es la normalidad".
Una normalidad en la que los palestinos carecen de derechos.
"Yo tengo una casa, sé que nadie va a entrar en ella. Los palestinos, no. A veces un comandante ordena entrar en una casa de noche porque sí. Para que no olviden quien manda. Y no entramos llamando a la puerta con una sonrisa sino con armas, con golpes, con registros, gritos y patadas. Para que aprendan".
Tras hechos así, cuando terminó el periodo militar, inició el combate para que se sepa "quiénes son las víctimas".

El movimiento no es apreciado en Israel. Ni siquiera su familia está orgullosa de él.
Sicham Levental nació en México, pero cuando aún llevaba pañales sus padres, judíos ortodoxos, se trasladaron a Israel y luego se instalaron en territorios palestinos ocupados. Allí creció él con otros nueve hermanos. A los 19 años se alistó en el Ejército. "Todos nos hacen regalos cuando estamos alistados, por eso es importante que sepan en qué están colaborando".

"Lo que tratamos es de promover una vida digna para todos. Porque es importante que los israelíes sepan que lo que hacen a los palestinos, privarles de derechos y de dignidad, no lo hacen a un enemigo. Se lo hacen al vecino con el que deben convivir". De lo contrario, defiende, "estamos creando la próxima generación de enemigos".
El 90% del trabajo de la organización se hace en el propio país.
"Damos asesoría jurídica a los palestinos que pierden sus tierras, les ayudamos a buscar soluciones y explicamos a todos lo que ocurre. Tratamos de que se vea la cara del sufrimiento".

Vive en Jerusalén y allí los barrios palestinos tienen otro aspecto: "No se invierte en ellos, ni siquiera se recoge la basura con la misma frecuencia".
Pero lo que más le preocupa es el futuro, que solo entrará en vías de solución si se pone fin a la ocupación de los territorios palestinos, dice, si los israelíes llegan a comprender que "la ocupación tiene un precio", que provoca miedo en los otros, pero también a uno mismo.

Manuel
#591

jueves, junio 03, 2010

Ser propalestino en Israel te convierte en terrorista

El rostro de Hanin Zoabi aparece en las primeras páginas de los diarios israelíes.
El miércoles, la diputada Zoabi se disponía a relatar ante la Cámara su experiencia a bordo del Mavi Mármara cuando se le echaron encima -literalmente- diputados de otras facciones.
"Terrorista", "Vete a Gaza, traidora. A ver cómo tratan allí a una mujer soltera de 38 años como tú", fueron algunos de los mensajes que a gritos le hicieron llegar sus homólogos. El altercado terminó con la expulsión de 14 parlamentarios del pleno; cifra récord en la historia de la Knesset, según el recuento de los ujieres.
Tras la batalla parlamentaria y después de recibir amenazas de muerte, Zoabi (Israel, 1969) se desplaza con protección policial.

Zoabi es una de los 11 diputados árabes del Parlamento israelí.
Como el 20% de la población de este país, es lo que se conoce como una árabe-israelí, en alusión a los palestinos que se quedaron en lo que hoy es Israel tras la guerra de 1948.
Ella, junto a otros cuatro palestinos-israelíes participó en la expedición de activistas que el pasado lunes trataron de romper el bloqueo de la franja de Gaza. Zoabi quedó en libertad tras ser interrogada por los servicios de espionaje israelíes gracias a su inmunidad parlamentaria.
Los otros cuatro, a diferencia de los cientos de activistas internacionales que han sido puestos en libertad, se encuentran bajo arresto domiciliario y han tenido que pagar una fianza de 150.000 shekels (unos 32.000 euros) para poder salir a la calle. Uno de ellos es Raed Saleh, influyente líder islamista.

Pregunta. ¿Por qué los árabes-israelíes no han sido puestos en libertad como los demás pasajeros de la flotilla?

Respuesta. Israel decidió liberarla los activistas internacionales porque le dio miedo el deterioro de su imagen en el resto del mundo. Temía también el impacto en las relaciones con Turquía. Pero nosotros... ¿A quién le importan los palestinos-israelíes? Para ellos somos traidores, terroristas. Sobre mí pesan ahora siete acusaciones, entre ellas la de portar armas y la de poner en peligro la vida de los soldados.

P. Ha habido manifestaciones en las ciudades árabes de Israel tras el abordaje a la flotilla. ¿Qué consecuencias cree que tendrá la muerte de nueve activistas a mano de los soldados en su comunidad?

R. Las relaciones entre los palestinos y el Estado de Israel nunca han sido normales.
Siempre ha sido una relación tensa, pero ahora es peor que nunca. Hay mucho más racismo.
Ayer [en la knesset] me llamaron terrorista porque no les gustan mis ideas, mi actitud política. Ser propalestino en Israel te convierte en terrorista. Nos consideran enemigos del Estado.
Sólo porque creemos que un Estado judío no puede ser democrático.
Tienen que respetarse los derechos de los que no somos judíos. El 50% de los palestinos-israelíes viven bajo el umbral de pobreza. En empleo, educación... no hay igualdad.

P. En el Parlamento se le echaron encima porque pidió que se publiquen las cintas de vídeo que confiscaron a los activistas. ¿Qué imágenes son esas?

R. Esas cintas mostrarían al mundo que los soldados israelíes tuvieron la opción de salvar la vida de los activistas pero eligieron matarlos. No fue una reacción espontánea. Los soldados no se encontraron con terroristas en el barco.
Ellos fueron con la idea preconcebida de que éramos terroristas y eso les dio licencia para matar.

P. ¿Se resentirá el actual Gobierno israelí?

R. Para los israelíes no se trata de un problema moral.
Lo que critican es la falta de eficiencia del Ejército. Piensan que igual se podría haber hecho de una manera que suscitara menos críticas internacionales.

P. ¿De dónde viene a su juicio la disonancia entre la interpretación que hacen de los hechos los israelíes y el resto del mundo?

R. Los israelíes se encierran en un gueto cognitivo.
¿Cómo es posible que piensen que el resto del mundo se equivoca y que sólo ellos están en posesión de la verdad? Los israelíes se sienten legitimados para hacer lo que otros países no pueden, en nombre de su seguridad.
Quien se atreva a criticarlo, entra en la categoría de amenaza, son terroristas.


Manuel
#590

Algo bueno

Si algo bueno tengo en los malos tiempos es que precisamente por su maldad intento rescatar el lado positivo de lo que ocurre. Es el optimismo de la voluntad, mucho más inteligente -y válido-, me parece, que el antropológico.
Estos días de desolación ante la última tropelía del ardor guerrero israelí nos dejan unas pocas pero luminosas lecciones.
En primer lugar, que en momentos en los que todo alrededor rezuma preocupaciones económicas -la mayoría, desde luego, muy fundadas-, y en que el mundo parece ensimismarse en la contemplación de su bolsillo, casi 700 personas emprendieron una gesta heroica para llamar la atención sobre el horror al que Israel tiene sometida a la franja de Gaza. Esas personas de diferentes países y con diferentes pedigrís, sin duda no siempre de acuerdo en muchas cosas, se unieron por una causa justa y zarparon, como zarpaban los conquistadores, a por la dignidad.
Y aunque han pagado un precio muy alto, con dignidad regresan, y a mí me resulta emocionante que durante un periodo hablemos más de ellos que de los altibajos de la Bolsa.

En segundo lugar, es obvio que estos particulares, estos individuos, esta gente admirable, han conseguido -y creo que en proporciones mucho más gigantescas de lo que pudieron imaginar cuando emprendieron su viaje- desenmascarar el verdadero rostro del Israel actual, por si a alguien le cupieron dudas.
Cielos, si mediáticamente aquí solo les han defendido los medios que, llegado el momento, también defienden a los falangistas.

Como último beneficio, nos veo a nosotros mismos clamando con una claridad como no veíamos desde hacía eras contra ese bloqueo -que los judíos buenos consideran "inútil e inmoral"- y contra esa paranoia chulesca que por desgracia en demasiadas ocasiones ha sido consentida y justificada.

Y viva Turquía, dicho sea de paso.

MARUJA TORRES 03/06/2010

Manuel
#589

miércoles, junio 02, 2010

ANÁLISIS: El conflicto de Oriente Próximo

Un ilícito internacional

La actuación de las Fuerzas Armadas israelíes al tomar por la fuerza el control de buques mercantes de otra bandera en alta mar (la Zona Económica Exclusiva, si existiera, sería considerada como alta mar a efectos de navegación), y al causar la muerte violenta a varios de sus tripulantes, viola patentemente el Derecho Internacional en lo que se refiere al principio de libertad en alta mar.
Ningún Estado puede arrogarse facultades para restringir la libertad de circulación de cualquier buque por ese ámbito, ni menos ejercer la fuerza contra buques mercantes de otra bandera salvo en los contados casos en que lo autoriza el propio Derecho Internacional (piratería, trata de esclavos, sospechas de falsa bandera, etcétera).
Y no cabe recurrir a la noción de zona o puerto bloqueado, propia del Derecho Marítimo de Guerra, cuando no existe tal guerra.

Sin embargo, los actos de los israelíes no pueden considerarse como un delito de piratería (susceptible de jurisdicción universal) de acuerdo con el Convenio del Derecho del Mar (UNCLOS 101), por la sencilla razón de que la piratería exige ineludiblemente para existir que el acto de fuerza se cometa "por un motivo personal", y aquí estamos ante motivaciones políticas o públicas.

Para salvar este vacío de tipificación se acordó en 1988 (precisamente con motivo del caso de terrorismo cometido contra Leon Klinghoffer, un judío-norteamericano a bordo del Achille Lauro) el Convenio Internacional para la Supresión de Actos ilícitos contra la Seguridad de la Navegación Marítima (SUA) que, este sí, tipifica como delito el apoderarse por la fuerza de un buque o de su control, o el realizar actos de violencia contra las personas embarcadas, por cualquier motivo que se efectúe, sea privado o público, económico o terrorista.
Curioso: el Estado israelí ratificó hace muy poco este Convenio (entró en vigor para él en abril de 2009) casi justo a tiempo para poder violarlo.

El artículo 6.1 del SUA establece la jurisdicción obligatoria para sancionar los actos ilícitos en cuestión del país cuya bandera enarbola el buque en el cual o contra el cual se ha realizado el acto de fuerza.
En este caso, si nos fijamos en el buque en el que se han realizado los actos más flagrantemente ilícitos, que es el buque turco Mavi Mármara, en el que se han causado varios muertos, sería Turquía como Estado de bandera el país legitimado para perseguir a los culpables y solicitar el amparo del Derecho Internacional para su entrega, incluyendo la posibilidad de acudir al Tribunal Internacional de Justicia en caso de que Israel se niegue a entregarlos.

Con carácter adicional, el artículo 6.2 del SUA establece la jurisdicción potestativa de otros Estados implicados, como aquellos de los cuales son nacionales las personas físicas afectadas: lo que confiere jurisdicción a los tribunales españoles, si quieren ejercitarla, puesto que existen ciudadanos patrios detenidos.

José María Ruiz Soroa es abogado.


El asfixiante bloqueo de Gaza

El ataque a la flotilla que protestaba por el bloqueo israelí de la franja de Gaza se cobró ayer la vida de varios activistas, e hirió a muchos más.
Un brutal acontecimiento que muestra hasta qué punto es asfixiante el bloqueo que Israel ejerce sobre ese territorio desde junio de 2007 y que, como forma de castigo colectivo, constituye una violación del derecho internacional humanitario.

Amnistía Internacional se dirigió ayer al ministro de Defensa de Israel para pedir una investigación inmediata, independiente y creíble sobre este ataque letal de sus Fuerzas Armadas y sobre las afirmaciones de que fueron agredidas con armas.
Para ello, Israel debe invitar a expertos de la ONU a que participen en dicha investigación.
También ha solicitado a las autoridades israelíes que hagan públicas las reglas de intervención dictadas a las tropas, porque según todos los indicios, respondieron de manera absolutamente desproporcionada al avance de la flotilla hacia las costas de Gaza.
Israel asegura que sus fuerzas han actuado en legítima defensa frente a un ataque de los activistas, pero no resulta creíble que los medios letales que han empleado estuvieran justificados, entre otras cosas porque los activistas ya habían explicado previamente que su objetivo principal era protestar de manera pacífica contra la persistencia del bloqueo Israelí.

Como potencia ocupante, Israel tiene el deber de garantizar el bienestar de la población de Gaza sin discriminación, respetando los derechos humanos de toda la población, como por ejemplo el derecho a la salud, a la educación, al trabajo o a un nivel de vida adecuado, lo cual incluye el derecho a la alimentación y a una vivienda adecuada.
Desde que entró en vigor el bloqueo, los cinco pasos fronterizos bajo control israelí entre Gaza e Israel o Cisjordania han permanecido cerrados. El otro paso fronterizo terrestre, el de Rafah, en la frontera entre Gaza y Egipto, está controlado por las autoridades egipcias y se mantiene cerrado la mayor parte del tiempo.
Israel aplica una política de prohibición absoluta para la circulación de personas y bienes, excepto en el caso de los artículos de primera necesidad que importan los organismos internacionales de ayuda humanitaria.

Las autoridades israelíes afirman que el bloqueo que mantiene sobre Gaza es una respuesta a los ataques con cohetes de efectos indiscriminados que palestinos armados lanzan desde allí contra el sur de Israel.
Pero el bloqueo no afecta específicamente a los grupos armados, sino que castiga a la población de Gaza en su conjunto, al restringir la entrada de alimentos, medicamentos, material educativo y materiales de construcción. Sus efectos se hacen sentir especialmente entre los más vulnerables de los 1,5 millones de habitantes del territorio: los niños y las niñas y las personas ancianas o enfermas. Esta situación ha producido una crisis humanitaria en toda regla, cuyo responsable es el Gobierno de Israel.

La Operación Plomo Fundido, que se prolongó de finales de diciembre de 2008 a mediados de enero de 2009, hizo que esta crisis humanitaria adquiriera proporciones catastróficas.
En la operación murieron 13 israelíes, y decenas más resultaron heridos en ataques con cohetes de efecto discriminado lanzados por grupos armados palestinos. Pero en Gaza, durante los ataques israelíes murieron más de 1.380 palestinos y se destruyeron gran cantidad de edificios e infraestructuras civiles, incluidos hospitales y escuelas y los sistemas de suministro de agua y electricidad. Millares de viviendas palestinas resultaron destruidas o sufrieron graves daños. Se calcula que 280 de las 641 escuelas de Gaza sufrieron daños y 18 fueron destruidas. Al comenzar el curso escolar 2009-2010, muchos alumnos de Gaza tuvieron que estudiar sin libros de texto ni material de escritura, mientras los camiones cargados de material escolar eran retenidos por Israel en el paso fronterizo de Kerem Shalom. Más de la mitad de los habitantes de Gaza son menores de 18 años, y la interrupción de su educación, debido a los daños causados durante la operación y a la persistencia del boicoteo israelí, está teniendo un efecto devastador.

Los hospitales también se han visto muy afectados por la ofensiva militar y el bloqueo.
Las autoridades israelíes han negado reiteradamente la entrada en Gaza a los camiones de ayuda médica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sin ofrecer ninguna explicación.
La OMS ha señalado los riesgos que corren las personas que necesitan con urgencia tratamiento médico debido a las demoras, y ha indicado que en 2009 murieron 28 pacientes mientras esperaban sus permisos, 14 de los cuales esperaban cruzar a Israel por el paso fronterizo de Erez.

El desempleo aumenta vertiginosamente en Gaza, pues los negocios que quedan sobreviven a duras penas con el bloqueo. En diciembre de 2009, la ONU informó de que era superior al 40%.

El bloqueo está sofocando prácticamente todos los aspectos de la vida de los habitantes de Gaza, dejando a su población en un aislamiento y sufrimiento crecientes.
Debido al desempleo masivo, la pobreza extrema, la inseguridad alimentaria y el aumento del precio de los alimentos causado por la escasez, cuatro de cada cinco habitantes de Gaza ya dependen de la ayuda humanitaria.
El Gobierno de Israel sigue agravando con total impunidad el sufrimiento de la población civil de Gaza y violando los compromisos adquiridos con la comunidad internacional en el ámbito de los derechos humanos.
El bloqueo sobre Gaza debe acabar.

Esteban Beltrán es director de Amnistía Internacional España.

Manuel
#588

Impunidad

Ni dérapage sobre el terreno, ni historias.
Pero aun deplorando la gravísima pérdida de vidas humanas en el asalto israelí a la flotilla turca que se dirigía a Gaza, la cuestión de fondo no cambia.
Aunque el asalto se hubiera realizado como un minué versallesco y el pasaje no hubiese sufrido más inconveniencia que la de haber viajado en balde, la operación constituiría una nueva transgresión del Derecho Internacional; la autoatribución del Estado sionista del derecho a actuar contra quien quiera, donde quiera, con cualesquiera consecuencias, por tierra, mar y aire.
Israel obra, como decía Edward Said, en la impunidad más absoluta.
El Gobierno de Benjamín Netanyahu nunca defrauda al antisemitismo universal.

Las consecuencias políticas del atropello en alta mar son muy negativas para un país cuya imagen se deteriora a ojos vista; pero ninguna de ellas, aunque no fueran las oficialmente deseadas en cada momento, contradice la política a largo plazo del Estado.

La actuación de un Ejército, cuyo lema es la pureza de las armas, torpedea las conversaciones de proximidad -próximas, pero no cara a cara- entre palestinos e israelíes con intermediación norteamericana.
Podrá decirse que sus probabilidades de éxito se expresaban en partículas de protón, pero las partes participaban en la charada esperando que fuese el otro quien rompiera la baraja.
Y no causaría por ello disgusto a Netanyahu que los palestinos paralizaran los contactos.

Desploma las relaciones de Israel con Turquía, puesto que tres de los seis buques eran turcos y la expedición tenía el beneplácito de facto del Gobierno de Ankara.
Las relaciones entre ambos países ya no serán nunca más lo que fueron porque llueve sobre mojado. El cambio fundamental se produce por la reorientación de la política exterior del antiguo aliado de Israel hacia el mundo árabe, en particular con Siria e Irak, y la mediación para evitar que Irán sufra nuevas sanciones internacionales.

La agresión israelí, en la que murieron varios pasajeros turcos, es por ello combustible para un incendio declarado.
Turquía había cimentado una estrecha alianza con Israel a partir de su mutuo renacimiento en el siglo XX, la primera como república sucesora del Imperio Otomano y la segunda como Estado sionista, en medio de un mar árabe hostil, cuando no enemigo de ambos países.
Pero también en este caso el sentimiento político israelí puede aprobar que Turquía haya pagado por su traición.

La UE, aparte de tajantes condenas verbales, alguna vez podría mostrar prácticamente su disgusto por el ataque a un convoy en el que viajaban parlamentarios y personalidades europeas.
El propósito de la flotilla era sin duda propagandístico y propalestino, pero de una total inocencia humanitaria para provecho de millón y medio de habitantes de la franja.
Si es cierto, como Israel asegura, que gracias al corredor terrestre por el que permite que discurra un hilo de suministros Gaza no pasa sed, ni hambre -solo de justicia- ¿qué inconveniente podría haber para que le echaran una mano desde el exterior?
Naturalmente, esa es una pregunta retórica porque el Estado sionista lo que quiere es castigar a Hamás por lo que dice que le haría a Israel, aunque difícilmente por lo que hace, que es nada.
Pero la salvajada sirve para reiterarle a Europa que su papel es y será insignificante en todo lo que se negocie en Oriente Próximo.

Y también es teóricamente fatal para las relaciones con Estados Unidos porque, además de abortar el viaje que el primer ministro israelí tenía que realizar ayer a la Casa Blanca, marca una nueva demora en los planes para desencadenar la paz que, tenazmente, mantiene el presidente Obama.
Pero la intransigencia marítima de Israel equivalía a decirle a Washington que no le impresionaba la severidad de sus recriminaciones; y que no perdiera el tiempo pidiendo lo que no se le iba a conceder.

El gran periodista israelí Gideon Levy escribió el 18 de marzo en el diario Haaretz lo que podría ser una explicación ad hoc, muy terrenal, que son las que valen, de por qué lo que perjudica a Israel no necesariamente contradice los designios últimos de su Gobierno.
"Israel no busca seriamente la paz porque la vida del ciudadano es lo bastante buena incluso sin ella; y la ocupación no pone en peligro su futuro".
Mientras el coste de mantener la ocupación de los territorios palestinos no sea mayor que el beneficio que, pretendidamente, se derive de retenerlos, no hay ningún motivo para pensar que la paz esté a la vista.

M. Á. BASTENIER 02/06/2010

Manuel
#587

martes, junio 01, 2010

¿Una simple coincidencia?

¡Desgraciada coincidencia!
Estábamos precisamente en vísperas de un momento clave del (mal llamado) proceso de paz, con la visita prevista a Washington del primer ministro hebreo y del presidente de la Autoridad Palestina.
Y he aquí que Israel, con una acción violenta grotescamente desproporcionada, hace subir la tensión hasta un punto que dará probablemente al traste con las negociaciones indirectas apenas empezadas.

No es la primera vez que se produce tal desgraciada coincidencia.
Y la repetición de este escenario, precisamente, lleva a una conclusión inevitable: Israel no quiere saber nada de un proceso de paz que le obligaría a hacer concesiones.
Un proceso que llevaría a que el Estado palestino pase por fin de la fase de las palabras a la fase de las realidades. Es, precisamente, lo que quiere evitar Tel Aviv, cuyo objetivo es claro: ganar tiempo, mientras la política de asentamientos en los territorios ocupados hace progresivamente inviable la creación de dicho Estado.

Pero el sangriento asalto israelí contra una flotilla humanitaria podría por lo menos tener una consecuencia positiva si lleva la comunidad internacional, y entre otros la UE, a dejar de cerrar los ojos respecto de lo que pasa en Gaza.
¿Cuánto tiempo más se va a permitir que la población del enclave siga sometida a un bloqueo inhumano por el simple hecho de no haber votado como Occidente quería que votara?
¿Y cuánto tiempo más se va a seguir ignorando a sus autoridades elegidas?
Hamás es una organización terrorista, asegura Israel, imitado por la UE.
Pero la Historia da muchas vueltas: ¿acaso no eran también terroristas los grupos Irgoun y Lehi, dos de cuyos principales jefes llegaron posteriormente a presidir el gobierno israelí?

La agresión israelí, cometida además en aguas internacionales, lleva también a una pregunta más de fondo: ¿hasta dónde la UE puede seguir comulgando con ruedas de molino y fingir que cree en un proceso de paz cuya defunción de hecho ha sido decretada hace tiempo ya por una de las partes?
Un proceso de paz que sólo puede eternizarse mientras Israel deja que se vaya pudriendo la situación, hasta el momento en que la comunidad internacional, harta frente a este conflicto sin fin, pueda cerrar los ojos y aceptar la creación de uno o varios bantustanes en Cisjordania en el mejor de los casos, o la expulsión progresiva de sus habitantes en el peor.
Queda claro, hoy, que sólo las presiones internacionales (las reales, no las retóricas) pueden impedir este escenario.
A pesar de las presiones del lobby proisraelí, Barack Obama parece tomar consciencia de ello.
Es de temer que la UE, por su parte, llegue, una vez más, tarde.

THIERRY MALINIAK 31/05/2010

Manuel
#583