martes, septiembre 29, 2009

Impuestos e improvisaciones

Ahora que andamos a vueltas con la subida de los impuestos anunciada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, convendría recordar que forjan el pacto de ciudadanía.
Constituyen el sistema de redistribución que permite al Estado atender las necesidades básicas en el ámbito de la sanidad, de la educación, de las pensiones, de las inversiones públicas.
Sin fiscalidad nada es posible.
Entre nosotros se admira el Estado social de los países nórdicos, pero nadie atiende a la carga impositiva sobre la que descansa.

Es como si todos estuviéramos alineados con la doctrina Montoro, según la cual la recaudación siempre es directamente proporcional a la bajada de impuestos. El responsable de economía del Partido Popular, que ha adoptado un léxico zafio para referirse a sus adversarios socialistas como panda de inútiles que han arruinado a España, quiere convencernos de que la verdad se encuentra en la curva de Laffer. Se aferra a ella con la misma convicción que al teorema de Pitágoras con catetos e hipotenusa, todos ellos al cuadrado. Considera como Proust que hay convicciones que crean evidencias. Cuenta a su favor con la satanización de los impuestos, con su consideración de gravamen confiscatorio, de penalización del esfuerzo y el talento, de sopa boba para mantener a los inútiles. Porque, en una vuelta de tuerca adicional y de la mano de los neocons, sus secuaces han pasado de reconocer el mérito de los que logran prosperar a considerar la culpabilidad de los desfavorecidos y de quienes siguen bajo el umbral de la pobreza.

Todo ello es el resultado de una impregnación ambiente, lograda por el pensamiento único en el que estamos instalados.
Sólo así se entiende la acogida que obtuvo la supresión de los impuestos sobre el patrimonio y de sucesiones. Mientras, en los Estados Unidos la propuesta abría un debate al considerar que podría pervertir los orígenes de aquella nación y promover una clase ociosa que todo lo tuviera garantizado por nacimiento, una nueva aristocracia contraria a las oportunidades que a todos deberían brindarse.

Aquí nadie hizo semejantes planteamientos.
En aquellos días, todos, los socialistas también -recuérdese la propuesta adelantada por el secretario general del Partido Socialista de Madrid, Tomás Gómez- rivalizaban por anticipar esas iniciativas derogatorias. Tampoco desde otros ámbitos se escucharon voces críticas que evaluaran las consecuencias. Cuando Francisco Fernández Ordóñez implantó la Declaración de la Renta, los españoles, incluso los humildes, se sintieron más ciudadanos con derecho a exigir.
Ahora estamos en los antípodas, en aquello de a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

Con estos conceptos bien atornillados, al Gobierno de Zapatero le acusan de improvisar y ZP se defiende aceptando la acusación y replicando que gobernar también es improvisar.
Pero tampoco es así.
Gobernar es planificar, es resistir, es decidir las prioridades y es, también, responder a los imponderables.
Porque las planificaciones deben modularse y ceder en función de las necesidades que plantean los fenómenos de la naturaleza y otros desastres nacidos de malformaciones y crisis del sistema económico como las que ahora vivimos. Darles respuesta es tarea de gobierno a las que debe atenderse según protocolos para nada improvisados. Cumplir los compromisos con los parados sin perder de vista el déficit ni el monto de la deuda ni la manera de respetar los equilibrios tampoco debe inducir a la improvisación.

Cuando el presidente de Brasil, Luis Ignácio Lula da Silva, subió a la tribuna de la 64ª Asamblea General para hacer la primera intervención, dijo que estábamos más que ante una crisis de grandes bancos, ante una crisis de grandes dogmas. Y precisó que se refería a la doctrina absurda que sostiene que los mercados pueden regularse por sí mismos, sin necesidad de lo que se califica de intromisiones estatales y a la tesis que defiende la absoluta libertad de capitales.

Pero aquí es como si los años de prosperidad hubieran evaporado la solidaridad y se hubiera impuesto el ¡sálvese quien pueda!
La procedencia de clase social sólo se invoca por unos para convalidar cualquier vileza en la que hayan incurrido y, por otros, como si fuera un lastre indeseado.
¿Volveremos a medir el prestigio en términos familiares más que personales, conforme al número de generaciones que la familia de cada uno lleva sin trabajar?

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR 29/09/2009

Manuel
#460

domingo, septiembre 27, 2009

Un gran asteroide roza la Tierra

Un asteroide de alrededor de un kilómetro de diámetro está acompañando estos días a la Tierra, en paralelo, a una distancia de unos 600.000 kilómetros, y lo seguirá haciendo una semana más, hasta que sus órbitas se separen.
Fue descubierto el 16 de septiembre por el astrónomo español Josep Maria Bosch y ya tiene nombre (2009 ST19). Aunque el estudio de su órbita es todavía muy incompleto, ha sido incluido en la lista de asteroides potencialmente peligrosos cuya órbita se cruza con la de la Tierra. Los primeros cálculos indican que el acercamiento más peligroso del ST19, que da una vuelta al Sol cada 3,6 años, se produciría en 2038, pero es una fecha que puede variar hacia delante o hacia atrás.

"Es un récord absoluto, es el asteroide de gran tamaño que se ha observado más cerca de la Tierra en toda la historia", explica Bosch, desde el observatorio de Ager en Lérida, aunque él hizo el descubrimiento en el observatorio privado de Santa María de Montmagastrell.
"Estaba intentando recuperar el cometa 137P, tras su paso por detrás del Sol, y no lo conseguí. A la mañana siguiente repasé las imágenes y vi que había un puntito que se movía de forma uniforme", explica. "Mandé los datos de astrometría al Minor Planet Center, el centro de referencia mundial, y dedujeron que estaba en rumbo de colisión con la Tierra, pero como no se volvió a observar pensaron que era pequeño y había caído sin consecuencias".
Unos días después el asteroide fue avistado de nuevo por un programa de búsqueda especializado. Ahora está a menos de dos veces la distancia hasta la Luna, pero será observado por multitud de astrónomos a lo largo de varias semanas para refinar los datos de su órbita, y se vigilará ya para siempre, aunque se desestime que pueda colisionar con nuestro planeta en un futuro cercano.


Manuel
#459

¿De véras?


Manuel
#458

La lucha política de Irán no ha terminado

Dejemos una cosa clara: quienes van a conseguir que Irán sea mejor son los propios iraníes.
Las palabras de un presidente estadounidense en la Asamblea General de la ONU en Nueva York no pueden lograrlo. Las negociaciones y sanciones europeas no pueden lograrlo.
Las bombas israelíes contra instalaciones nucleares iraníes, desde luego, no pueden lograrlo.
Pero el pueblo iraní sí puede.

Es lo que millones de iraníes se propusieron hacer este verano en manifestaciones masivas y lo que algunos de ellos todavía tratan de conseguir, a pesar de las palizas, los asesinatos, las torturas, las violaciones, la continua detención de miles de activistas y un grotesco juicio de los principales reformistas escenificado para la galería.
Lo que las democracias y los demócratas de fuera de Irán pueden hacer para ayudar directamente al movimiento verde es muy limitado, pero la primera obligación de nuestra política debe ser no hacer nada que dificulte aún más su lucha para obtener un cambio pacífico.
Seamos hipocráticos: el primer mandamiento, no hacer daño.

El presidente Barack Obama tiene razón al ordenar a sus representantes que negocien "sin condiciones previas" sobre la cuestión nuclear. Estados Unidos debería haberlo hecho hace mucho tiempo.
Pero las potencias europeas llevan años negociando con Teherán, y eso no nos ha permitido avanzar nada. Mientras nos llevaba la corriente, con las tácticas negociadoras de un bazar de Teherán, la República Islámica ha seguido construyendo centrifugadoras y se ha acercado al umbral en el que tendrá capacidad para decidir si se lanza a por el arma nuclear o no.

Las negociaciones deben continuar, pero Estados Unidos y Europa no deben, por unas cuantas y escurridizas promesas más de contención nuclear, hacer nada que otorgue ni pizca de legitimidad a un presidente, Mahmud Ahmadineyad, vencedor en unas elecciones fraudulentas y que la semana pasada celebró el "día de Jerusalén" diciendo que "el pretexto" para la creación de Israel -es decir, el Holocausto- "es falso...
Es una mentira basada en una afirmación indemostrable y mítica".

Un ejemplo clásico de lo que las democracias no deben hacer lo dio el año pasado una empresa conjunta formada por Siemens y Nokia, llamada Nokia Siemens Networks.
Vendió al régimen iraní un sofisticado sistema con el que pueden vigilar Internet, incluidos los correos electrónicos, las llamadas de teléfonos por la Red y las redes sociales como Facebook y Twitter, muy utilizadas por los manifestantes iraníes. En la política actual de poder popular, equivale a vender a un dictador carros de combate o gas venenoso.
Así que seamos claros: una empresa alemana, Siemens, que utilizó a esclavos para trabajardurante el Tercer Reich, vendió a un presidente que niega el Holocausto los instrumentos con los que puede perseguir a los jóvenes iraníes que arriesgan sus vidas por la libertad.
Piensen en ello cada vez que compren algo fabricado por dicha compañía.

Los analistas especializados en Irán utilizan a veces la imagen de una carrera entre dos relojes: el reloj nuclear y el reloj de la democracia.
El régimen iraní ha hecho que el reloj nuclear vaya más deprisa de lo que pensaban muchos en Occidente, pese a todas las negociaciones y sanciones; pero el pueblo iraní ha puesto en marcha el reloj de la democracia como la mayoría de los diplomáticos occidentales no pensaba jamás que iba a hacer. El viernes de la semana pasada volvieron a salir a la calle muchos miles de opositores, junto con los tres líderes reformistas más destacados que aún están en libertad. Es de esperar que haya más manifestaciones cuando vuelvan a abrir las universidades dentro de unos días.

No son sólo unos cuantos jóvenes airados con pañuelos verdes.
El régimen islámico está dividido en sus más altas instancias, y la autoridad del Líder Supremo está más en tela de juicio que nunca. Pilares del sistema islámico como el ayatolá Hashemi Rafsanjani están enzarzados en un conflicto con Ahmadineyad y la Guardia Revolucionaria, que son quienes tienen hoy más influencia con el Líder Supremo.

La expresión reloj de la democracia quizá puede llevar a confusión.
Irán no va a ser a corto plazo una democracia liberal de estilo occidental (tampoco lo son Afganistán e Irak). Ahora bien, lo que todavía es posible es una mezcla de reforma y revolución, lo que yo he llamado refolución, que refuerce los elementos republicanos constitucionales en el extraño sistema político híbrido de la República Islámica y debilite los factores revolucionarios islamistas. Por ahora sucede lo contrario. Al apoyar con su autoridad teocrática a Ahmadineyad y la Guardia Revolucionaria, el ayatolá Jamenei ha inclinado la balanza del lado revolucionario islamista.
El mejor resultado probable de una revolución negociada sería que la balanza se inclinara decisivamente en el otro sentido: más republicano y menos islamista.

Sería un Irán mejor para los iraníes, pero ¿sería un Irán mejor para el resto del mundo?
Los escépticos dicen que hay pocas pruebas de que los reformistas iraníes sean menos nacionalistas en la cuestión nuclear. Un portavoz del movimiento verde, Mohsen Makhmalbaf, hizo pública una declaración el 22 de septiembre en la que decía que "el movimiento verde iraní no quiere una bomba nuclear". Sería útil que los líderes de la oposición fueran más específicos: por ejemplo, que acepten la idea de la supervisión internacional neutral del ciclo de combustible en un programa nuclear de usos civiles, con el sobreentendido de que ese régimen internacional se aplicaría a todas las potencias nucleares civiles, incluido EE UU, y no sólo a Irán.

Vuelvo a decir que hay serios límites a lo que las democracias -y especialmente EE UU y Reino Unido- pueden hacer directamente para promover el cambio político dentro de Irán.
Por eso es tan importante hacer mejor las cosas indirectas. Una de ellas la ha hecho ya el Gobierno británico al financiar el magnífico servicio de televisión e Internet de la BBC en persa, que, en menos de un año, se ha convertido en una fuente de noticias fiable e indispensable para los iraníes.

Pero demasiado apoyo a la oposición por parte de Washington o Londres no hará más que dar credibilidad a las afirmaciones que el bando de Ahmadineyad y la Guardia Revolucionaria hacen de todas formas de que los reformistas y el movimiento verde son herramientas de una conspiración tramada por el Gran Satán (Estados Unidos) y el Pequeño Satán (Reino Unido); unas afirmaciones que encuentran cierta recepción en la opinión pública, en parte porque es verdad que una vez hubo una conspiración británico-norteamericana para derrocar al primer ministro iraní Mohammad Mossadeq, hace medio siglo. Obama quizá mostró demasiado desapego en su reacción ante las protestas del verano, pero se trataba de calibrar la respuesta unos cuantos grados. En la ONU, el 23 de septiembre, habló de "los derechos de las personas en todas partes a determinar su propio destino".
Exactamente.

No debemos, pues, dar ninguna legitimidad a un presidente ilegítimo y que niega el Holocausto a cambio de unas negociaciones nucleares que todavía no han llegado a ninguna parte.
No debemos apostarlo todo a la carta de la democracia, pero tampoco debemos hacerlo a la carta de la negociación nuclear. Cada paso diplomático que demos debe ser examinado para ver su posible efecto sobre el fisible proceso político en el interior de Irán. Si podemos aplicar unas sanciones nucleares más estrictas dirigidas específicamente a aumentar la presión sobre Ahmadineyad y la Guardia Revolucionaria, eso tendrá una doble ventaja; si la acción militar refuerza a los partidarios de la línea dura, ése es otro argumento más para no emprenderla.

Tal vez dentro de un año tengamos que reconocer que la represión ha acabado con la refolución en Irán, al menos por ahora.
En ese caso, tendríamos que tratar con el presidente Ahmadineyad y un régimen revolucionario islamista de la mejor forma posible: con negociaciones, presiones y contención. Pero todavía no ha llegado ese momento. La lucha dentro de Irán no ha terminado, ni mucho menos.
Su resultado no depende de nosotros, pero, al menos, no debemos hacer nada que ayude al lado que no lo merece a ganar.

Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos
y ocupa la cátedra Isaiah Berlin en el St. Antony's College, en Oxford.


Manuel
#457

lunes, septiembre 21, 2009

domingo, septiembre 20, 2009

Aprendiendo modales en el supermercado

Hace algunos días, una amiga mía estaba haciendo cola delante de la caja de un supermercado.
Era una hora punta y había mucha gente.
Cuando llegó su turno, mi amiga, que ya había vaciado su cesta sobre la cinta, dijo:
“Buenas tardes”.

La cajera, una chica de aspecto andino, levantó sobresaltada la cabeza de su afanoso marcar y marcar.
“Ay, señora, perdone, buenas tardes”, dijo con su suave acento ecuatoriano: “Es que una termina perdiendo los modales”.
Y, mientras cobraba, le contó a mi amiga que llevaba cinco años en España y que, cuando llegó, se le habían saltado las lágrimas en más de una ocasión por la rudeza del trato de la gente: no pedían las cosas por favor, no daban las gracias, a menudo ni contestaban sus saludos.
“Al principio pensaba que estaban enfadados conmigo, pero luego ya vi que eran así”.

De todos es sabido que el español tiene modales de bárbaro.
Aún peor: consideramos nuestra grosería un rasgo idiosincrásico y hasta nos enorgullecemos de ella. “Somos ásperos pero auténticos”, he oído decir en más de una ocasión.
Y también: “Es mejor ser así que andarse con esas pamemas hipócritas y cursis que se gastan otros pueblos”. Y por pamemas cursis nos estamos refiriendo pura y simplemente a la buena educación.
En muchas cosas, por desgracia, seguimos siendo un país de pelo en pecho al que le gusta alardear de ser muy macho.

Resulta sorprendente que nos hayamos convertido en un pueblo tan áspero y tan zafio, porque, en mi infancia, a los niños se nos enseñaba todavía a saludar, a dar las gracias, a ceder el asiento en el autobús a las embarazadas, a sostener la puerta para dejar pasar a un incapacitado, por ejemplo.
Hoy todos esos usos corteses, esas convenciones amables que las sociedades fueron construyendo a lo largo de los siglos para facilitar la convivencia, parecen haber desaparecido en España barridas por el huracán del desarrollo económico y de una supuesta modernización de las costumbres.
En no sé qué momento de nuestra reciente historia se llegó a la tácita conclusión de que ser educado era una rémora, una práctica vetusta e incluso un poco de derechas. Me temo que defender los buenos modales, como hago en este artículo, puede parecerles a muchos una reivindicación casposa y obsoleta. Pero en realidad los buenos modales no son sino una especie de gramática social que nos enseña el lenguaje del respeto y de la ayuda mutua.
Alguien cortés es alguien capaz de ponerse en el lugar del otro.

Dentro de esta educación en la mala educación que estamos llevando a cabo de modo tan eficiente, son los chicos más jóvenes quienes, como es natural, aprenden más deprisa.
No sólo es bastante raro que un muchacho o una muchacha levanten sus posaderas del asiento para ofrecerle el sitio a la ancianita más renqueante y temblorosa que imaginarse pueda, sino que además empieza a ser bastante común ver a una madre por la calle cargada hasta las cejas de paquetes y flanqueada por el gamberro de su hijo adolescente, un grandullón de pantalones caídos que va tocándose las narices con las manos vacías y tan campante.

Algunas de estas madres llenas de impedimenta y acompañadas de hijos caraduras son emigrantes, lo que demuestra la inmersión cultural de la gente extranjera: las nuevas generaciones crecidas aquí enseguida se hacen tan maleducados como nosotros.
Pero, por fortuna, también sucede lo contrario.
Quiero decir que, en los últimos años, muchos de los trabajos que se realizan de cara al público, como los empleos de cajero o de dependiente en una tienda, han sido cubiertos por personas de origen latinoamericano. Dulces, amables y educados, esas mujeres y esos hombres siguen insistiendo en dar los buenos días, en pedir las cosas por favor y en decir gracias.
Algunos, sobre todo aquellos que vinieron hace años, como la cajera que se encontró mi amiga, tal vez hayan relajado un poco su disciplina cortés, contaminados por nuestra rudeza. Pero la mayoría continúa siendo gentil con encomiable tenacidad, y así, poco a poco, están ayudando a desasnar al personal celtíbero.
¿No se han dado cuenta de que estamos volviendo a saludar a las dependientas?
Yo diría que en el último año la situación parece haber mejorado.
Las colas de los supermercados, con sus suaves y atentas cajeras latinoamericanas, son como cursillos acelerados de educación cívica.
Quién sabe, quizá los emigrantes consigan civilizarnos.

ROSA MONTERO 20/09/2009

Manuel
#455

Equilibrismo


Manuel
#454

That's a Bingo !

Christoph Waltz as Standartenführer Hans Landa aka The Jew Hunter.
Landa is the central antagonist: a romantic, yet sinister pipe-smoking Austro-German SS-turned-SD officer so nicknamed in reference to his keen ability to locate Jews hiding throughout France.
He is well-versed in languages, being able to speak fluent English, French and Italian in addition to his native German. Landa can also be a charming detective.
Tarantino has said that this might be the greatest character he's ever written. The director decided to have the character played by a German actor. The role ultimately went to the Austrian Waltz, who, according to Tarantino, gave me my movie back, as he felt the movie couldn't be made without Landa as a character but feared the part was unplayable.

Waltz would win the Best Actor Award at the 2009 Cannes Film Festival for his performance.


Manuel
#453

¡Revolución!


Manuel
#452

El futuro de Europa

Entrevista: el Líder de los Verdes europeos

Daniel Cohn-Bendit, (Montauban, 1945), líder de Los Verdes en el Parlamento Europeo, ha protagonizado una dura oposición a la renovación de José Manuel Durão Barroso al frente de la Comisión Europea.
A pesar de que no pudo impedir el nombramiento del portugués, Cohn-Bendit -símbolo de mayo del 68-, sigue tan entusiasta como cuando luchaba por llevar "la imaginación al poder".

Pregunta. ¿Cómo valora una votación tan favorable a Barroso?

Respuesta. Ha sido gracias a los votos de los socialistas. No me explico cómo Zapatero ha podido votar por Barroso. No puedo entender. Es como si hubiera votado a favor de Rajoy. Porque Barroso es como Rajoy en Europa. Lo que ha hecho Zapatero de aliarse con la derecha es ilógico.

P. Pero muchos diputados socialistas han apoyado a Barroso.

R. Es incomprensible que algunos diputados socialistas, como los españoles, hayan votado sin independencia, a las órdenes de Zapatero. Han funcionado como organizaciones leninistas. Lo peor es que gracias a los votos de socialistas españoles, portugueses y británicos, Barroso ha obtenido una mayoría más amplia de la que exige el futuro Tratado de Lisboa y ha salido reforzado.

P. Barroso dispone ahora de un gran respaldo del Parlamento.

R. Barroso ha salido elegido gracias al apoyo de sólo 30 o 35 diputados socialistas. Eso significa que en el Parlamento Europeo no hay una mayoría clara.

P. ¿Qué opina de las promesas de contenido social, sobre libertades y medio ambiente que hizo Barroso para captar votos?

R. Si oyes a Barroso resulta que en Europa no hay nadie más socialista que él, nadie más verde que él, nadie más liberal que él, nadie más del PPE que él. La conclusión es clara: Barroso no es creíble. La próxima Comisión tendrá muchas dificultades.

P. Pero la izquierda no ha sido capaz de presentar un candidato alternativo...

R. El candidato para presidir la Comisión Europea lo propone el Consejo. Y la propuesta del consejo contaba con el apoyo de Zapatero, Sócrates y otros socialdemócratas. Hay que preguntarse porqué la Internacional Socialista y Martin Schulz [presidente del grupo socialista en la Eurocámara] rechazaron la candidatura de Rasmussen [presidente del Partido Socialista Europeo] y se refugiaron en la abstención.


Manuel
#451

domingo, agosto 16, 2009

Baltic Tour #14 - Tallinn bis


Olde Hansa







Unas mantitas de lana cuando cae la noche


Para llenar la panza a lo Sancho Panza


Hidromiel...


Chupitos...


...y otras delicatessen


Manuel
#450

Baltic Tour #13 - Tallinn


Welcome to Tallinn



Algunas panorámicas para empezar













Manuel
#449

martes, agosto 11, 2009

Argucias

Día tras día uno lee atónito y con impotencia las argucias y el cinismo que muestra el PP cuando acusa al Gobierno de todos sus males, intentando desviar así la atención de los ciudadanos de la acumulación de corrupciones que tiene en todos sus feudos.
Pero hoy, ya no aguanto más.

¿Cómo puede Cospedal, con la desfachatez característica de su partido, acusar sin pruebas al Gobierno, a la policía, a la fiscalía y a todo el que se le ponga por delante?
Ellos, que están destruyendo las instituciones democráticas, que permiten que un magistrado más que amigo de Camps presida el tribunal a cargo de su caso (¿no nos enseñaron que ni un juez, ni un psicólogo, pueden llevar ningún caso de familiares o amigos por la obvia falta de objetividad?).
Ellos, que están demonizando a policías, jueces y fiscales.
Ellos, que son incapaces de dimitir (véase Camps, Fabra, Trillo, Costa y un largo etcétera) y que, encima, se chulean y se jactan de continuar en el poder.
¿Desde qué ética pueden hablar?

Los ciudadanos de bien no nos podemos permitir la pasividad ante el deterioro de la democracia, representada por sus instituciones, empezando por la justicia en la que la sociedad ya está dejando de creer, por no ser libre ni equitativa sino puesta al servicio de políticos y poderosos. Hay que actuar, no callar, concienciarse, salir de este abotargamiento, y, sobre todo, en las próximas elecciones, castigar con nuestro voto a quien tanto daño está haciendo al país.

ANA ALONSO CASTRILLO - Madrid – 11/08/2009

***

Despropósitos en cadena

Como en otras ocasiones, el PP está reaccionando frente a los escándalos de corrupción que le afectan dando rienda suelta al delirio persecutorio: buscando fuera razones que expliquen lo que pasa dentro.
Es como si temiera que sus buenas expectativas electorales pudieran verse anuladas por el descrédito asociado al caso Gürtel y sus derivaciones.
Pero esta vez ha ido demasiado lejos en su búsqueda de culpables.

Sorprendió que fuera su secretaria general, Dolores de Cospedal, otras veces moderada, quien se colocara al borde del abismo al lanzar la acusación de que el Gobierno se dedicaba más a perseguir a la oposición que a ETA; pero un día después avanzó un paso más al decir que España se había convertido en un "Estado policial" en el que se pinchan teléfonos de dirigentes del PP y se utiliza a la fiscalía, la policía judicial y el servicio secreto (el CNI) contra la oposición. Dijo que todo eso le constaba, no que temiera o sospechara: se trata de una acusación gravísima que requeriría algo más que afirmarlo.
Denunciarlo en el juzgado, como le han respondido los socialistas, o presentar pruebas ante la opinión pública.

No es que sea inimaginable que se pinchen teléfonos y se espíe a políticos.
Ocurrió a mediados de los años ochenta y ha vuelto a ocurrir hace poco en la Comunidad de Madrid. Pero, al igual que la referencia a ETA, no es una acusación que pueda lanzarse a la ligera.
De momento, su efecto ha sido irritar a jueces, policías y fiscales, cuyas organizaciones también piden pruebas o rectificación; y envenenar aún más las relaciones entre el PP y el PSOE.

El boicoteo de los populares valencianos a la elección de la socialista Leire Pajín como senadora autonómica (para cubrir la vacante dejada por un europarlamentario elegido el 7-J) ilustra esta penosa situación.
Podría ser lógico que el Parlamento valenciano examinara los méritos de los candidatos antes de votarlos, dado que su Estatuto no exige el requisito de ser parlamentario para la elección como senador autonómico; pero la pretensión del PP de que Pajín deba demostrar su compromiso con los "intereses y las señas de identidad" valencianas, y hasta su posición respecto al trasvase del Ebro, es ridícula.
Y más con el recuerdo de la designación, hace dos años, sin examen alguno, de alguien cuyo único mérito conocido era el de ser hija del presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, investigado por presunta corrupción.

La respuesta de José Blanco, amenazando con bloquear las negociaciones para la renovación de instituciones como la Comisión de la Energía o la de las Comunicaciones, no ayuda a resolver el problema. Zapatero, en un tono muy comedido, pidió ayer responsabilidad al primer partido de la oposición. Dijo que no había querido llamar a Rajoy por no interrumpirle las vacaciones.
Llame o no Zapatero, el líder popular debe poner fin a esta cadena de despropósitos y evitar el descrédito de las instituciones y la política.

***

El PP prende la mecha de la crispación

Agosto ha dinamitado las relaciones institucionales entre las dos grandes formaciones políticas de España, PP y PSOE, envueltas en una guerra sorda a cuenta de las tramas de corrupción que salpican a los populares.
Este partido ha desencadenado esta semana una virulenta e inaudita escalada verbal contra el Gobierno, que los socialistas interpretan como una reacción de defensa ante las investigaciones judiciales que ponen bajo sospecha a algunos dirigentes del partido de Mariano Rajoy.

Impulsado por la victoria electoral de las europeas, animado por los últimos datos de las encuestas y aliviado por el archivo de la causa abierta por cohecho contra Francisco Camps, uno de sus principales barones, a Rajoy se le presentaba un inmejorable arranque de sus vacaciones.
Tanto que celebró eufórico ante los periodistas la exculpación provisional -el archivo está recurrido- de Camps, ironizó sobre el negocio que harían los vendedores de tila a cuenta de los que esperaban la condena del presidente valenciano y exigió cuentas a la Inquisición que denunció las andanzas de la trama corrupta en Valencia.
Después habló de un agosto ideal para visitar chiringuitos.

Pero el recurso de la Fiscalía ante el Supremo, que tendrá el efecto de mantener bajo sospecha al presidente valenciano durante al menos ocho meses con la amenaza de un traumático regreso al banquillo de los acusados, sumado a una inquietante redada judicial contra otra trama corrupta desarticulada en Baleares que afecta a ex altos cargos populares, ha devuelto a Rajoy y los suyos a los peores tiempos de la crispación.

Desde Marbella, la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, se encargó de agitar la vida política con algunas de las acusaciones más graves hechas nunca en democracia contra un Gobierno.
Cospedal aseguró el martes que la Fiscalía persigue a la oposición más que a ETA. Le debió de parecer poco y al día siguiente aseguró que los socialistas han ordenado escuchas ilegales a la oposición. Hasta los jueces, fiscales y policías conservadores se mostraron escandalizados por las asombrosas declaraciones.
La cuestión de si esta es una estrategia meditada y razonada en el PP para el próximo curso político sigue aún en el aire. Ni siquiera el rango de quien lanzó esa acusación (nada menos que la número dos del partido) despeja esa duda.

A pesar de que las acusaciones cuestionan el sistema mismo, Rajoy calla.
Nadie avaló a Cospedal el primer día. Incluso algún dirigente ha expresado en privado su estupor. El departamento de prensa del partido tardó varias horas en deslizar la idea de que estos hechos ya habían sido denunciados, aunque la denuncia del pasado día 24 que trata de hallar las fuentes periodísticas de EL PAÍS no decía nada parecido.

Después, todavía sin presentar pruebas, Cristóbal Montoro y José Luis Ayllón avalaron las acusaciones. El más explícito fue, ayer, Esteban González Pons.
"Hay gente en la justicia y en la policía que está empezando a darnos muchas claves", dijo en la Cope. Se entiende que la afirmación deja fuera a la Asociación Profesional de la Magistratura, al miembro del Poder Judicial Fernando de Rosa, nada menos que ex consejero de Camps, y a la CEP, sindicato policial que suele sintonizar con el PP. Todos ellos salieron el jueves, junto a todos los profesionales de la justicia y las Fuerzas de Seguridad a los que indirectamente Cospedal acusó de corruptos, a defender la honorabilidad de las instituciones y a exigir una denuncia formal si el PP tiene constancia de tales hechos.

El Gobierno recibió indignado y desconcertado estas andanadas verbales.
Hubo miembros del Ejecutivo que pensaron que lo mejor sería ningunear a Cospedal para rebajar la tensión: "Le ha dado demasiado el sol", ironizan.
E incluso barajaron la idea de que, tras la tormenta desatada por esas palabras, el PP echaría el freno.
Reflexionaron sobre la necesidad de establecer un contacto discreto con Federico Trillo, al que consideran "la mano que mece la cuna", en palabras de Elena Valenciano, pero lo descartaron.
Al final, los socialistas concluyeron que había que ser contundente en la respuesta por una denuncia tan calumniosa. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero, de vacaciones en Lanzarote, consideraba muy grave que alguien pudiera acusar a su Gobierno de crear en España un estado policial; y, aunque optó por una reacción templada e institucional -pidió "responsabilidad" al partido de Rajoy-, dio vía libre a su partido para responder sin miramientos.

"El PP está corroído por la corrupción", declaró la diputada Elena Valenciano.
"El PP teme que algunos casos de corrupción, y el último de Mallorca, tengan graves consecuencias penales. Están preparando el terreno para que, si les va mal en los tribunales, instalar la idea de que son víctimas de la persecución ordenada por el Gobierno", señalaron otros dirigentes socialistas a este periódico.
"El PP reedita la crispación como forma de hacer política ante la evidente ausencia de alternativas", señaló José Blanco, el vicesecretario general del PSOE.

Pero el PP no se arredra y quiere que desfilen por el Congreso de los Diputados los supuestos culpables de tan graves delitos: el fiscal general del Estado -para que explique si hay un trato desigual a los imputados por corrupción del PSOE y del PP-, el Ministerio del Interior -para que aclare quién filtro el sumario sobre la corrupción del caso Gürtel y diga si ha pinchado los teléfonos de dirigentes populares- y la vicepresidenta primera del Gobierno -para que responda si ha presionado al fiscal contra el PP y si sus viajes por Latinoamérica son un despilfarro innecesario-.

Aún hay otro frente para alimentar la cizaña.
Las Cortes valencianas, con mayoría absoluta del PP, boicotea desde mayo el nombramiento de la socialista Leire Pajín como senadora. Esta semana ha sugerido que obligará a Pajín a pasar un examen de valencianidad -nunca realizado a ningún candidato- antes de votarla. El PSOE ha perdido la paciencia. Por boca de su vicesecretario general, José Blanco, amenazó con tomar represalias haciendo algo también insólito: vetar al PP en la dirección de varios organismos públicos que deben designarse a partir de septiembre.
La ruptura institucional, la reedición de la crispación, está servida.


***

O pruebas o dimisión
Los líderes del PP deben sustentar sus gravísimas acusaciones o abandonar la política

El partido Popular, principal grupo de la oposición y formación que aspira a gobernar España, volvió a sorprender ayer a la ciudadanía con el anuncio de que medita denunciar ante las instituciones europeas las presuntas escuchas ilegales a sus dirigentes. Esta vez fue Esteban González Pons, responsable de comunicación del partido de Rajoy, el autor de la ocurrencia. Cuando se cumplen varios días sin que el PP haya presentado una sola prueba de las gravísimas acusaciones lanzadas por su número dos, María Dolores de Cospedal, otro algo cargo del partido vuelve a superar las líneas rojas de la decencia democrática para ayudar a incendiar la política de este país, poner bajo sospecha las instituciones sobre las que descansa el ejercicio de nuestra democracia y atosigar a los ciudadanos con más crispación.

Basta ya. Los ciudadanos, que han asistido estupefactos esta semana a una escalada de tensión de las peores que se recuerdan, no tienen por qué soportar el cinismo de dirigentes políticos capaces de todo con el único objetivo de desviar la atención de los casos de corrupción que padecen. Si la estrategia ideada por el PP ante los gravísimos escándalos de Valencia, Madrid, y ahora Mallorca, entre otros, es derribar el edificio institucional a base de tremendas acusaciones sin pruebas, algunos de sus dirigentes deberían presentar la dimisión y aliviar a los ciudadanos de su presencia. Es inaceptable que una representante política de la categoría de María Dolores de Cospedal acuse sin pruebas al Gobierno, a la Fiscalía General del Estado, a los cuerpos de seguridad, a los servicios de inteligencia y a los jueces de cometer delitos más propios de un Estado totalitario que de una democracia europea. Si la número dos del PP no acude a los tribunales con las pruebas que sustenten sus acusaciones, debe abandonar la política. La democracia son procedimientos. Quien no los respeta no merece representar a los ciudadanos. No es la única. A su lado, otros importantes dirigentes del PP, como Cristóbal Montoro, contribuyen al desastre con la exigencia de que debe ser el Gobierno quien demuestre que las acusaciones son falsas. ¿Y Rajoy? El líder popular parece avalar, en ocasiones con su silencio, en ocasiones con sus palabras, la huida hacia adelante. ¿Es éste el estilo con el que aspira a conquistar La Moncloa?

Frente al fundado temor de que las olas de la corrupción continúen dejando indicios en la playa de Génova, y ante el temor de que el Supremo reabra el caso Camps ante la escandalosa insolvencia jurídica del auto de archivo emitido por el tribunal valenciano, el PP pretende amedrentar a jueces, fiscales, policías y periodistas, y, de paso, desmotivar a la ciudadanía, convencido de que no pagará costes electorales.
Sus dirigentes deberían recordar que el Estado de derecho tiene la suficiente fortaleza, demostrada en otras ocasiones, para soportar las embestidas de políticos sin escrúpulos.

ANABEL DÍEZ / PABLO X. DE SANDOVAL - Madrid – 09/08/2009

Manuel
#448

domingo, agosto 09, 2009

Cinema


Set in 1966, it tells a story about a fictitious pirate radio statio
broadcasting from a ship to the United Kingdom.


Rock'n'roll music !!!


Manuel
#447

viernes, agosto 07, 2009

De regalos y corrupciones

Como casi siempre, todo está en los romanos o en los griegos.
Lo de la ley, sobre todo en los romanos.

En el siglo III, un jurista llamado Domicio Ulpiano, que trabajaba para el emperador Caracalla, nos transmitía los sentimientos de su jefe al respecto de las xenias, o sea, de los regalos que los altos funcionarios del imperio recibían y podían o no aceptar.
Su consejo era un monumento al sentido común: "Ni todo, ni siempre, ni de todos".
Y lo explicaba un poco más: "un procónsul no puede privarse totalmente de xenia... rehusar de todos es una falta de educación, pero aceptar siempre parece de indecentes, despreciable aceptar de todos, y avaricioso aceptarlo todo".

Al final, de lo que se trata, según transmite Ulpiano, el espíritu de Caracalla, es de no sobrepasar en la aceptación de regalos todo aquello que excede las necesidades de la alimentación.
Traducido a nuestra época y a lo que nos preocupa sobre la actitud de nuestros políticos, nos deberíamos quedar con una botella de vino y una lata de espárragos como límites.
Lo de las anchoas, dependerá de la veda.

La cita de Ulpiano es, en cierto modo, consoladora, porque nos dice que nuestros representantes democráticos no son los más corruptos de la historia.
El asunto viene de lejos, por lo menos de los romanos.
Con algunos momentos estelares intermedios como la época en que Juan March era capaz de comprar a muchos de los mejores políticos españoles de la Restauración o la República.
Y el espléndido periodo franquista en el que el dictador daba ejemplo aceptando, por recordar un caso medianillo y morigerado, el pazo de Meirás.

Una vez consolados, sabedores de que no siempre están claros para todos los límites entre la aceptación educada de una pequeña Xenia que demuestra simpatía y la de 300.000 euros que demuestran demasiada simpatía, habrá que concentrarse en la búsqueda de unos mínimos códigos que den objetividad a la conducta pública, para evitar bochornos innecesarios.

¿Sería ilícito que una alcaldesa aceptara un bolso de marca y, en cambio, permisible que se dejara agasajar con una imitación comprada en los mercadillos de la frontera de Paraguay con Brasil? Fijar la otra frontera exigiría, para que la acción fuera eficiente, una tarea ingente de clasificación propia de entomólogos. También cabe otra solución, que es la de marcar un tope de precio.

Lo malo de estos regalos, de estas xenias, es que aunque no sirven para obtener contratos, sí suelen ser útiles para ablandar corazones. Son detalles simpáticos que pueden ayudar a abrir otras puertas.
Y detalles simpáticos que allanan, no siempre en la dirección más recomendable, las relaciones.
No sólo para facilitar la corrupción de políticos, sino también la de otro grupo profesional sobre el que se asientan algunos pilares del sistema: periodistas, que reciben en Navidad jamones, botellas de aceite, surtidos de turrón y, si se dedican a informar de instituciones financieras, plumas de oro y juegos de ajedrez de ébano y marfil. Y si de otras cosas, viajes al Caribe.

La salida es compleja.
Y quizá no quede más remedio que cortar por lo sano: los políticos y los periodistas no pueden recibir regalos cuyo valor exceda, por ejemplo, de 100 euros.
Una declaración de los partidos, de los grupos parlamentarios y de los directores de medios de comunicación bastaría para dejar las cosas en claro, y eliminaría la necesidad de hacer una ley, farragosa de forma obligada y ridículamente actualizable año tras año para adaptar los topes a la inflación.

Uno de los peores efectos de la polémica sobre los regalos a los políticos ha sido el de oscurecer el debate, aún más serio que lo de las anchoas del Cantábrico, sobre la corrupción.

Y volvemos a decir que la cosa es compleja (¡qué original!).
Pero, si lo piensa uno, no es tan compleja como parece a primera vista.
Porque la corrupción tiene dos caras, la del que la provoca y la del que la acepta.
Un agente, que podría ser un empresario, ofrece a un político algo a cambio de un favor; y un político acepta la oferta.

Al primero, al empresario (perdone el ilustre gremio el ser utilizado como ejemplo), sólo se le puede disuadir de su ilícita acción poniéndole ante la cara avisos legales y represivos; o sea, leyes duras contra ese tipo de acciones y actuaciones policiales y judiciales contundentes.
¿Sólo? No: poniéndole delante algo más serio, que es la garantía de que el sector público no va a aceptar nunca interferencias en adjudicaciones de obras o servicios.
Y algo más fácil que eso: dándole la garantía de que los partidos políticos van a rechazar cualquier actuación de sus militantes, sean estos dirigentes de primera o de cuarta fila, que rompa las leyes transparentes del mercado.

Un empresario alemán o francés sabía hasta hace poco que se enfrentaría a problemas serios si intentaba corromper a un político alemán o francés, pero también que nadie le iba a perseguir en su país por practicar la corrupción en África. Alguien tan poco sospechoso como Carlos Solchaga, ex ministro socialista, expresó en España su actitud de comprensión para quien tuviera que pagar en países foráneos tasas de corrupción para conseguir contratos.
Europa está así.
Es decir, que la tarea de combatir la corrupción está en los que hacen las leyes, en los que gobiernan y, de forma muy importante, en los partidos políticos.

¿Sería muy dificultoso obtener de esas instituciones, de los partidos, una declaración solemne por la que se garantizara que quien recibiera tentaciones de pagar podía tener la seguridad de que ni un euro de lo que le sirviera para satisfacer un soborno iría a parar a las arcas del partido?
Declararlo y demostrarlo muchas veces, tantas como se haya condenado a alguien por corrupción. Pero, para que una solemne declaración como esa tuviera credibilidad, haría falta que se cumplieran dos requisitos.

El primero, que las cuentas de los partidos fueran transparentes.
Porque no lo son, por mucho que lo aseguren los tesoreros de todos ellos, las cuentas están repletas de remiendos y de trucos. Los presupuestos son falsos y los déficits se suelen enmascarar con el dinero de los ayuntamientos y comunidades.

El segundo, que los sueldos, todas las remuneraciones que perciben nuestros políticos, afloren y sean considerados de interés público.
A muchos oradores parlamentarios se les hinchan los carrillos hablando de esos asuntos, pero todavía no sabemos por qué es imposible conocer de veras cuánto cobran cada mes aquéllos a los que elegimos que, desde el punto de vista del trabajo, son nuestros empleados, de los contribuyentes. Cuánto cobran, qué pluriempleos se permiten, qué dedicación tienen a su función y qué sueldos o primas sacan de sus actividades "externas".

Eso, de rebote, tendría un efecto gratificante para los que, por ejemplo, no reciben nada por participar en una tertulia y los que reciben un dineral por ser socios de un bufete de abogados.

Maniobras tan sencillas, tan poco complejas, bastarían para conseguir que nuestro país dejara de subir puestos en el ranking de la corrupción universal.
¿Por qué nuestros parlamentarios, por qué los dirigentes de los partidos a los que votamos se obstinan en no poner esos mecanismos en marcha?

La respuesta está volando en el viento porque la mayoría de los dirigentes políticos, de los responsables de los aparatos, quiere que esté ahí.

Mientras intentamos que se discuta sobre todo eso, que es de veras muy poquito y muy fácil, nos seguiremos dedicando a lo que es realmente complejo, que es saber cómo mantenernos en el límite de las xenias, aplicar el sentido común que nos recuerda Ulpiano: "ni todo, ni siempre, ni de todos".
Para ir tirando.

Agapito Ramos es abogado y Jorge M. Reverte es periodista y escritor.

Manuel
#446

Peligroso precedente

04/08/09

La Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Valencia, por dos votos a uno, decidió ayer archivar la causa que se seguía contra el presidente de esa comunidad, Francisco Camps, y otros tres cargos públicos del PP imputados por un posible delito de cohecho.
La resolución, que la fiscalía recurrirá ante el Supremo, avala una doctrina sorprendente, si no escandalosa: que las autoridades pueden aceptar regalos valorados en miles de euros (trajes, relojes, pulseras, bolsos) por parte de empresas que contratan con las administraciones donde gobiernan esos políticos, siempre y cuando los beneficiados no participen en los distintos procesos de adjudicación.
En este caso, con un agravante: los autores de los regalos están siendo investigados por corrupción.

El artículo 426 del Código Penal sanciona la aceptación por autoridad o funcionario de regalos ofrecidos "en consideración a su función o para la consecución de un acto no prohibido".
El bien que se trata de proteger es el principio de imparcialidad de gobernantes y funcionarios, y la conducta sancionada es el hecho de "admitir" la dádiva, aunque no se haya solicitado. Lo que se trata de evitar es que esa aceptación condicione decisiones públicas. Resulta sorprendente que se considere que el precepto sólo se aplica al funcionario o político que directamente participa en la adjudicación, y no a sus jefes.
Especialmente cuando lo que se consideran son decenas de contratos de la Administración valenciana a una misma empresa.

El portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, ha declarado que recibió un reloj de alto valor de la trama, y que lo devolvió de inmediato.
Algo que pudieron haber hecho pero no hicieron los imputados de Valencia.
Se han limitado a negar que recibieran los regalos, o, en el caso de Camps, a decir que los pagaron (los famosos trajes) de su bolsillo. Pero la instrucción constató y el auto de ayer da por establecido que no hay prueba de tales pagos y sí, en cambio, de que los pagó el cabeza de la trama en Valencia, Álvaro Pérez, El Bigotes.
Los contratos conseguidos por la red de Correa y El Bigotes con la Administración regional coincidieron con el periodo en el que hicieron decenas de regalos a dirigentes políticos valencianos. Y la mayoría de esos contratos los consiguieron sin concurso; en algunos casos, tras trocearlos para que cada adjudicación no superara el límite (12.000 euros) que permite hacerlo a dedo. Esto figura en el sumario y no es cuestionado por el auto.

En esas condiciones, Mariano Rajoy debería reservar para mejor ocasión su euforia de ayer:
"Ha ganado la justicia, el sentido común y los vendedores de tila", dijo.
A no ser que el líder del PP considere digno de euforia que el vestuario de uno de sus presidentes autonómicos esté financiado por los cabecillas de una presunta trama de corrupción, que la palabra de ese mismo presidente ante los ciudadanos y la justicia haya quedado desautorizada (el auto constata que los argumentos de Camps sobre el pago de los trajes no se sostienen) y que la Administración que dirige ese mismo líder regional recurra a prácticas más que dudosas para beneficiar a unas determinadas empresas.

Rajoy también acusó a quienes han denunciado las supuestas corruptelas, en relación a este periódico, de ser "la Inquisición".
Sin embargo, la denuncia partió de un ex concejal del PP y cuatro de los seis jueces que han estudiado el asunto hallaron suficientes indicios de cohecho por parte de los dirigentes imputados.
Pero ayer, los dos que constituían mayoría en la sala (uno de ellos, algo más que un amigo de Camps, según las palabras del propio presidente autonómico) opinaron de otra manera. El tercero, a través de un voto particular, cree que podría haber delito.
El Supremo tiene ahora la última palabra.


Manuel
#445

Baltic Tour #12 - Purtse


¡Bienvenidos a Purtse!


Das Rittergut Alt Isenhof (Burg Purtse)







Die historische Burg Festung erstrahlt wieder im alten Glanz nach der Renovierung 1987-1990 und beherbergt heute einen Konzert Saal, ein kleines Restaurant, Ausstellungsräume
und Säle für Veranstaltungen im Rittergut.











Manuel
#444

Baltic Tour #11 - Narva ter


Adiós Narva


Con nuesto BaltMobile




El río Narva, frontera con Rusia


El mar báltico, 2ª etapa




Manuel
#443