sábado, noviembre 07, 2009

Regateo a la pequinesa

Hay ciudades que en cinco días podemos llegar a conocer someramente.
Para ello deben ser pequeñas y pertenecer a nuestra misma cultura.

Pekín (o Beijing, más parecido a la pronunciación china) es enorme, y su cultura es para el turista occidental un enigma.
Caótica, desmesurada, cuenta con 17 millones de habitantes censados.
En esa efervescencia de crecimiento en la que se encuentra sumido el país, cambia por completo cada lustro.

Lo que no cambia tanto son los hábitos alimenticios.
Según algunos, la comida china de China no se parece nada a la comida china de otros lugares, pero lo cierto es que la comida china siempre se parece mucho a la comida china.
En Pekín hay mucha más variedad, por supuesto (se puede comer carne de serpiente o saltamontes en ciertos lugares), y es un buen sitio para probar otras cocinas, como la vietnamita, la mongola o la tibetana, pero me alimenté sobre todo -y muy bien- a base de rollitos, empanadillas, arroces, ternera, cerdo y pollo en diversas variantes, sin olvidar el pato a la pequinesa.

Se podría hablar también de compras a la pequinesa, o a la asiática (pues en Bangkok, por ejemplo, vienen a ser lo mismo).
Pekín es un paraíso (o un infierno) para los compradores. A quien le guste regatear, tiene la diversión asegurada. Empiezan con precios exorbitantes, así que las bajadas deben serlo también. Se regatea, por las barreras idiomáticas, tecleando las cifras en una calculadora. Incluso cuando se ha llegado a un precio, pueden sorprenderte diciendo, a ver si cuela, que hablaban de dólares y no de yuanes (un dólar son unos siete yuanes). Una dependienta que te enseña un cinturón de Armani puede ofrecerte inmediatamente, si no muestras interés, otro sin marca. Y entonces te explica que el que no tiene marca es mucho mejor que el supuesto Armani, y te lo demuestra pegando la llama de un mechero al que no tiene marca y enseñándote que el Armani no es todo cuero, sino que tiene también cartón. Ya digo, infierno o paraíso, según el carácter de cada cual.

De alguna forma, para los chinos China ("el centro del mundo") ha sido el paraíso, y el resto, el infierno.


La Muralla China, única obra humana que se ve desde el espacio, empezó a construirse cuando el país estaba dividido en cinco Estados (entre 457-221 antes de Cristo), y posteriormente se fue ampliando para defenderse de los nómadas del norte, criaturas infernales. Recorre unos 5.600 kilómetros (construidos hay unos 10.000, sumando ramales), que van de Este a Oeste por el norte del país. El tramo más cercano a Pekín -el más visitado- es el de Badaling, a unos 40 kilómetros. Preferí ir al de Mutianyu, a unos 80. Además de lo espectacular de la construcción, allí el paisaje es precioso: montañas boscosas. Lo sé por la subida en funicular, y por las postales, pues una niebla muy densa impedía la visión más allá de 20 metros; al menos, me permitió imaginar alguna historia china de fantasmas. El picotazo de un bicho, además de dolerme, me desazonó enormemente -¡quién sabe qué puede picarte en China!-, hasta que comprobé que la muralla estaba infestada de avispas. Pero no me quejo: una anciana grande y fuerte resbaló por unas escaleras, terminó rodando y quedó tendida, sangrando por la cabeza. Me pareció un lugar bastante peligroso. En el siglo XIII, la muralla no pudo contener a los mongoles. Ahora las autoridades han levantado una virtual, restringiendo el acceso a Internet. Yo imagino que ésta, más pronto que tarde, caerá igualmente.

La Ciudad Prohibida también está amurallada, en este caso para protegerse de los bárbaros interiores. Residencia de 24 emperadores (incluido el de Bertolucci, que hubo de abandonarla en 1924) y empezada en 1406, es una verdadera joya, que cuenta con innumerables obras de arte y edificios como el palacio de la Suprema Armonía o el de la Paz Terrenal. Está pegada a la plaza de Tiananmen, ocupa unos 720.000 metros cuadrados y, me informaron, abre todos los días. En realidad abre todos los días, excepto los que cierra. Había reservado para ella cualquiera de mis dos últimas jornadas de estancia y me quedé sin verla: estaban ensayando alguna de las ceremonias para conmemorar el 60 aniversario de la Revolución de Mao (el partido pretende hacer creer que el comunismo sigue vigente, y todos los billetes llevan su retrato). Me conformé con ver sus bonitos tejados naranjas desde la Colina del Carbón, donde en 1644 se ahorcó el último emperador Ming. Uno siempre se puede consolar: paseando por Tiananmen, tan grande que resulta desangelada, me sentí como un verdadero chino de la época imperial, que no podía entrar en la Ciudad Prohibida. En cierto modo, para llegar a la esencia de la Ciudad Prohibida tienen que impedirnos la entrada.

Otra de las maravillas de Pekín es el palacio de Verano, a unos 12 kilómetros del centro, junto a un lago, donde se refugiaban de los calores los emperadores chinos. De atribulada historia, renovado entre 1860 y 1960, estaba abierto y no había niebla. Me gustó mucho la calle Suzhou, a lo largo de un canal, destruida en 1860 por las tropas anglo-francesas y reconstruida en 1990 siguiendo modelos tradicionales.

Me salgo de uno de los cinturones que, a modo de murallas, estrangulan la ciudad, camino por calles estrechas, pobres.
Los chinos hacen mucha vida en la calle.
Un hombre escribe de pie en unas baldosas con un enorme pincel; otro, en una casucha de un callejón, come con palillos. Unos jóvenes hacen una danza con gruesos troncos de bambú, algunos apuestan en un estrecho garito, otros juegan a las cartas con una baraja francesa. Un niño corretea, se cae y llora. Por un instante me tienta pensar que estoy entrando en China, pero enseguida vuelvo a la realidad: no ya cinco, sino ni siquiera 55 días en Pekín bastarían para escribir un artículo que sea más que un brochazo en un muro o, ya puestos, en una interminable muralla.

Martín Casariego (Madrid, 1962) es autor de la novela La jauría y la niebla (Algaida, 2009)

Manuel
#482

viernes, noviembre 06, 2009

Enjuagues

El espectáculo al que estamos asistiendo con Caja Madrid de protagonista no es nada, piensa uno, con lo que ocurrirá una vez que el afortunado jure el cargo de presidente y se dedique a devolver favores.
Usted y yo somos unos ingenuos y no nos enteramos de nada, pero a lo mejor resulta normal poner un piso en la Gran Vía a quienes te proporcionaron la bicoca. Lo mismo tienes que meter todos los días la mano en la caja para pagar esa deuda de gratitud. Vaya usted a saber a qué se compromete el agraciado. Si te entrego la Caja, ¿serás mi esclavo el resto de tu vida, regalarás hipotecas a mis hermanos, colocarás a mi cuñado, recogerás a los hijos de mi hermana de la guardería, sacarás a pasear al perro de mi madre?

Para presidir una Caja has de tener una vocación de servicio a prueba de bombas, pues las tentaciones de pillar, dadas las facilidades aparentes, deben de ser continuas.
Ignoramos cómo funcionan las demás, pero Caja Madrid tiene la pinta de ser lo más parecido a la caja de la farmacia de la señora de Camps, donde todo el mundo metía mano sin control, fuera para hacerse unos trajes o para tomarse unas cañas. O sea, un chollo, de otro modo no se entiende esa lucha a muerte por conquistar su presidencia. Es muy fuerte que un partido político con posibilidad de gobernar se rompa por ver quién manda ahí. O los beneficios personales son muy altos o los contendientes son idiotas. Como llevan toda su vida viviendo de los Presupuestos Generales, muy idiotas no son. Quiere decirse que el que logre encaramarse a ese sillón se forra.
En otras palabras, que esto huele fatal. Y no nos referimos a la guerra entre Gallardón y Aguirre, que tiene su lado pintoresco, sino a esa paz que tarde o temprano ha de sobrevenirle y bajo cuyo manto se llevarán a cabo enjuagues económicos que ahora no podemos ni imaginar.

JUAN JOSÉ MILLÁS 30/10/2009

Manuel
#481

domingo, noviembre 01, 2009

Construir una política exterior de la Unión Europea

Las atribuciones del cargo de presidente del Consejo Europeo son vagas, pero desde luego encajan más con las de un constructor de consensos que con las que los ingleses, y mucho menos los estadounidenses, llamarían propiamente de un presidente.
Podría decirse incluso que presidente es una mala traducción del francés.
No es un puesto ejecutivo; sólo están previstos un equipo de colaboradores y un presupuesto discreto. El candidato que logre el puesto debería ser más como un presidente de un consejo de administración [chairman, que es un presidente sin poderes ejecutivos].

Esta figura decorativa podría ser, dentro de la Unión Europea, un defensor convincente de una política exterior europea más enérgica y coordinada, pero si pretendiera hablar ya en nombre de Europa en Washington, Moscú o Pekín, estaría prometiendo cosas que no podría cumplir.
Para elaborar una política exterior europea creíble es preciso reforzar pacientemente la voluntad de tener dicha política en cada uno de los Estados miembros, especialmente en los más grandes. Eso supondrá varios años más de lo que Max Weber llamó "perforar a través de planchas gruesas".

También es necesaria, para dar a Europa una voz más fuerte en el mundo, una maquinaria que todavía no existe.
Pero la responsabilidad de construir esa maquinaria no es del nuevo presidente, sino del nuevo alto representante para la política exterior y de seguridad.
A diferencia del presidente, el alto representante, que es al mismo tiempo vicepresidente de la Comisión Europea, dispondrá de un gran presupuesto y un amplio equipo.
Tendrá la difícil pero crucial tarea de fusionar a funcionarios y diplomáticos de dos burocracias europeas y 27 nacionales en un solo servicio exterior europeo, capaz de identificar los intereses europeos comunes y los instrumentos que tenemos para impulsarlos.
En colaboración con el presidente de la Comisión, tendrá asimismo que establecer vínculos con los verdaderos motores del poder exterior europeo: la política de ampliación, la ayuda al desarrollo, el comercio, la regulación, la política de competencia, etcétera.
Ahí está el meollo. Hablamos demasiado del presidente y no lo suficiente del alto representante.

Ahora bien, hay alguien que sí cumple los requisitos, aunque habría que esforzarse un poco para convencerle.
Es Martti Ahtisaari, el ex presidente de Finlandia, mediador internacional de la ONU y ganador del Premio Nobel de la Paz el año pasado.
Ahtisaari cuenta con la categoría, la gravitas y la experiencia necesarias para el puesto.
Es un estadista que tendría una autoridad paterna sobre la actual generación de jefes de Gobierno de la UE. Sería un presidente excelente, sin tener nada que ver con un presidente de un consejo de administración. Le tomarían en serio en las capitales mundiales, sin que nadie sintiera que estaba acaparando la atención. Como copresidente del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, ya ha dedicado un par de años a reflexionar seriamente sobre cómo debería ser la política exterior europea.

Ya he señalado que sería fundamental combinar esa figura con un sólido alto representante.
En este periodo inicial, un alto representante débil podría ser tan perjudicial como un presidente débil. Carl Bildt sería una opción magnífica, pero seguramente se ha creado demasiados enemigos, y como el secretario general de la OTAN es danés, quizá se consideraría un exceso de escandinavos.

Mi candidato favorito sería Joschka Fischer, un peso pesado que se dedica al pensamiento estratégico y fue ministro de Exteriores de Alemania.
Podría hacer entrar en razón a Bruselas y le escucharían en el extranjero.
Pero el alto representante tiene que ser miembro de la Comisión Europea, y Alemania acaba de nombrar a otra persona en ese puesto.

Es decir, el equipo ideal es Ahtisaari-Fischer.

TIMOTHY GARTON ASH 01/11/2009

Manuel
#480

viernes, octubre 23, 2009

Discriminación atávica

Escuchando el miércoles las valoraciones de la bancada popular sobre el debate de Presupuestos, uno entiende mejor de dónde salen otros rechazos como el de la ley de igualdad o el aborto.

Podría haberle servido a Rajoy en esta ocasión su milonga encallada en la búsqueda de culpables sin más, es decir, sin aportar, como de costumbre, soluciones. La situación era tan propicia (ya saben, para el PP, cuanto peor mejor), el cabreo general es tan notable, que al bueno de Mariano le bastaba con una prolija enumeración de agravios y agraviados; mientras alguien se ahoga, dedicarse a explicar la marea (parafraseando el diálogo de cierta película).

A ello se aplicó.
De su naturaleza intelectualmente perezosa salió un discurso redondo, hiperbólico, apocalíptico... pero menos grosero y faltón que otras veces; y aunque nadie lo preguntó, la grey conservadora con su secretaria general al frente, traicionada por la euforia, aclaró:
"Porque la Salgado es una chica".

Y se hizo la luz.
Recordé entonces que para el Partido Popular una chica es la que se pone de largo mientras el chico va a votar (como afirmaba Miguel Ángel Rodríguez), la que sirve de portabolígrafos (como demostró Aznar), templo de la vida (como dice la Iglesia) y la que no puede abrir una cuenta corriente (como imponían nuestros antepasados).
De modo que las dos carreras que atesora Elena Salgado no han sido sino una doble oportunidad para encontrar marido y sus dos ministerios se explican por el ridículo reglamento de las cuotas.
No hay, por tanto, que ser muy duros con la pobre, sólo instruirla en el arte de ser mujer-mujer.

¿¿¿De dónde sale esta gente???


JOSÉ LUIS SÁNCHEZ SANTOS
- A Coruña - 23/10/2009


Manuel
#479

martes, octubre 20, 2009

Caos


Manuel
#478

Sonrisas

No sé qué descerebrado asesor de imagen ha debido de aconsejar a los peperos relacionados con el caso Gürtel que exhiban todo el rato esas sonrisas radiantes y estúpidas, pero merecería ser despedido de manera fulminante.
Es obvio que esa tropilla de políticos carece de la más mínima razón para reírse, dado que les está cayendo encima un marrón descomunal que se agranda un poco cada día; de modo que verles repartiendo agarrotadas sonrisas por doquier como si estuvieran de boda o de bautizo resulta verdaderamente sospechoso.

De todos es sabido (lo cuentan hasta las series de la tele) que si se detiene a un inocente y se le atribuye algún delito grave, el individuo erróneamente acusado se agita mucho, se pone muy nervioso, se angustia y desespera. En cambio, si el detenido es culpable, es muy posible que se quede tan tranquilo y se tumbe a dormir en el calabozo.
Pues bien, se me ocurre que no hay un indicio de culpabilidad tan evidente como esas sonrisas lobunas que se empeñan en exhibir los gürtelitos.
Quiero decir que cualquier persona inocente y normal estaría hecha polvo.

Y si no es un claro indicio de culpabilidad, entonces es una prueba evidente de mentecatez.
Porque sólo a un sandio se le puede ocurrir que el personal va a quedar favorablemente impresionado por ese aire de ligereza jaranera.
Antes al contrario: el personal espera de los seres humanos, e incluso de los políticos, cierta coherencia emocional, seriedad y fundamento. Vamos, que la gente les respetaría más si aparecieran preocupados, como es lógico, y no con ese gesto inaguantable de rocieros juerguistas.

Claro que a lo mejor se les han acalambrado las comisuras y no pueden cambiar el rictus; o quizá enseñen los dientes no para sonreír, sino porque están a punto de liarse a mordiscos.

ROSA MONTERO 20/10/2009

Manuel
#477

Peligro


El peligro de dejar un perro de raza peligrosa con un niño


Manuel
#476

Al Gay-Eda


Miembro de Al Gay-Eda


Manuel
#475

La frase del año

Esta frase la ha dicho el ganador del Nobel de literatura.

"En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer.
De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y
viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven".

Manuel
#474

lunes, octubre 19, 2009

El 99%

El 99% de los españoles confiesa haberse marchado alguna vez sin pagar de alguna parte.
Desde que veo este anuncio en la televisión, por más que sepa que es sólo un anuncio y que la citada encuesta no ha existido nunca, miro a mi alrededor, recuerdo los titulares de los periódicos, y siento un escalofrío. Estoy segura de que los españoles que pagamos escrupulosamente nuestras cuentas representamos mucho más del 1% del total, pero me pregunto si otros publicistas, en otros países del mundo, se atreverían a presentar, y lograrían vender, una campaña con este eslogan.

No se trata ya de la corrupción, sino de la tolerancia de la corrupción, y ni siquiera eso, más bien de la asombrosa empatía que la corrupción provoca en muchos españoles, a quienes les resulta más fácil ponerse en el lugar de un corrupto que en el de un héroe, o incluso confundirlo con él.
Quizás por eso, el embrollo valenciano ha recibido en muchos medios de comunicación un tratamiento tan frívolo. Cámaras y micrófonos han estado más pendientes de captar pequeños detalles morbosos, un sonrojo, unas lagrimitas, el corte de una americana, una frente perlada de sudor, que de informar acerca de la financiación ilegal de una organización que aspira a gobernar este país.

La reacción del resto de los partidos no me ha parecido mucho más consistente.
Sobran palabras, ingenio, codazos y malevolencia, pero, como de costumbre, faltan análisis, diagnósticos y propuestas de transparencia, medidas concretas para evitar que este escándalo se reproduzca. Da la sensación de que nadie, en ningún partido, se siente tan seguro como para tirar la primera piedra, y eso es lo mismo que admitir que España se asienta sobre un inmenso agujero negro.
Cuando se lo trague todo, el 99% de los españoles tal vez sigan creyendo que eso era hacer política.

ALMUDENA GRANDES 19/10/2009

Manuel
#473

lunes, octubre 12, 2009

La Puerta del Sol mudó su fisionomía

Sus principales emblemas, la osa y el madroño, más la estatua de La Mariblanca, cambiaron de emplazamiento.
Y el kilómetro cero, arranque de todas las carreteras radiales de España, fue sustituido por otra placa de nueva hechura.
Las efigies fueron izadas por grúas y quedaron instaladas en los arranques de las calles de Alcalá y del Arenal, respectivamente. La marca kilométrica, nueva, perdura bajo la Casa del Reloj.


La efigie de una gran osa y un madroño, símbolos de Madrid se hallaba instalada a unos 70 metros de su nuevo anclaje, en el engarce de la calle del Carmen con la Puerta del Sol.

Manuel
#472

domingo, octubre 11, 2009

La corrupción es algo serio

Es posible que el hecho de que un alcalde regale a un dirigente de su partido un reloj valorado en 20.000 euros no sea un delito tipificado en el Código Penal. Quizás.
De lo que no cabe duda es de que se trata de un caso de corrupción política, en el sentido de perversión o alteración de normas asumidas por los ciudadanos, y que tanto el alcalde como el dirigente deberían presentar su dimisión.

No se comprende bien a qué espera el Partido Popular para tomar medidas en el caso Gürtel, al margen de lo que vayan decidiendo los tribunales.
Estamos hablando de un partido que aspira a gobernar en las próximas elecciones. Y de un país con cuatro millones de parados, con millones de trabajadores que tienen los salarios congelados, que están obligados a bajar su nivel de vida y que tendrán que pagar más impuestos. Y en el que algunos políticos aceptan como regalo coches, relojes de miles de euros o trajes.

Lo lógico sería que los ciudadanos estuviéramos realmente furiosos ante la desidia de los responsables de un partido que está en la oposición y que debería presentársenos en estos difíciles momentos como una alternativa fiable y honesta, capaz de relevar a un gobierno desgastado, y que, en lugar de eso, se mantiene impávido ante los casos de corrupción que van apareciendo en su propia organización, como si creyera que para ganar unas elecciones no hiciera falta demostrar integridad.

La corrupción política, la falta de rectitud, es una cosa muy seria.
Lo peor no es el caso Gürtel en sí, que los tribunales serán capaces en su momento de castigar, en lo que jurídicamente sea delito.
Lo peor es la tolerancia, la voluntad de quitarle importancia, de hacer creer a los ciudadanos, con un guiño, que ellos harían lo mismo si estuvieran en esas circunstancias.
Eso es lo que realmente hace un daño formidable a la sociedad española y de eso son responsables los máximos dirigentes del PP.

Es una actitud equivocada, con consecuencias mucho más graves de lo que se pretende.
Y es una responsabilidad muy seria que recae directamente sobre los hombros de Mariano Rajoy.
Esto no es una batalla que exija fintas políticas ni demostraciones de ingenio. Esto son cosas serias, realidades crueles, que precisan decisión y rapidez. Si quiere gobernar este país tiene que demostrar, no sólo que él mismo es íntegro, sino que no acepta, ni convive, ni tolera la corrupción ni la falta de rectitud.

No se puede solicitar la confianza de los ciudadanos para gobernar en plena crisis con políticos que se regalan relojes exclusivos y que aceptan coches "con muestras de amistad".
No debe haber resquicio ni interpretaciones ambiguas: las autoridades y representantes políticos de los ciudadanos no pueden aceptar obsequios valiosos, ni como soborno, por supuesto, ni como "muestra de buena voluntad". Y cuando se detecta algún caso, debe ser extirpado inmediatamente del tejido político, porque, si no se hace, se termina cayendo en lo que Arnold Heidenheimer, el mayor teórico en corrupción política, catalogaba como "corrupción blanca", actos reprensibles que pasan a ser considerados tolerables por la mayoría de la población ante la evidencia de que no son castigados ni rechazados.

Los ciudadanos ya estamos advertidos: ¿queremos acabar en una sociedad en la que el catedrático de una universidad acepta un reloj de 20.000 euros del padre de un alumno, "en prueba de simple amistad"? ¿En la que el médico del hospital público reciba un coche tapizado en negro de una empresa farmacéutica, "como muestra de admiración por su abnegado trabajo"?

Como casi siempre en estos casos, resulta descorazonador comprobar cuál ha sido la primera reacción del partido afectado: no buscan a los responsables del desaguisado, sino que buscan desesperadamente a los responsables de que esas corrupciones hayan salido a la luz pública.
Sinceramente, lo único edificante y de lo que sentirse orgulloso en toda esta historia ha sido comprobar cómo el periodismo profesional sigue sirviendo a los ciudadanos como el mejor valladar contra la corrupción.

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ 11/10/2009

Manuel
#471

La conjura universal se desploma


La investigación del "caso Gürtel"

Uno tras otro han ido cayendo los argumentos defensivos que el PP ha improvisado sobre la marcha para hacer frente al caso Correa.
Mariano Rajoy ha puesto voz a los argumentos servidos por el equipo jurídico del partido que ha encabezado Federico Trillo.

A cada paso se respondía con ruido y con la estrategia del vaquero que, al entrar en la cantina, dispara al pianista y no al forajido. Disipado el ruido, los 17.000 folios de sumario cuyo secreto ha levantado el juez han sepultado la conspiración universal por la que desfilaron Garzón, la fiscalía, policías, jueces, periodistas....
Ahora el PP recupera la posibilidad de buscar una nulidad de pruebas, tal y como baraja desde hace meses en las reuniones de estrategia.

Todo empezó el 11 de febrero cuando Rajoy, con todos sus dirigentes detrás, incluido Francisco Camps, en una imagen insólita, dijo: "No hay una trama del PP, hay una trama contra el PP".

- 1. Baltasar Garzón. "Garzón es socialista, ha pertenecido al partido socialista y debe abstenerse en la causa contra el PP, no puede juzgar a la gente de un partido y lo que está haciendo es realmente injusto", dijo Rajoy el 26 de febrero. Le siguió una querella contra el juez, al que se acusaba de actuar por venganza. El caso ahora lo llevan otros jueces y el sumario tiene pruebas materiales, testimonios coincidentes y escuchas incriminatorias. La querella fue rechazada.

- 2. Bermejo cazador. "La cacería liquida cualquier apariencia de división de poderes y de imparcialidad de la justicia y extiende un velo de sospecha sobre el ministro y sobre el juez". "Es obscena, bochornosa y degradante". En febrero ésa era la defensa de Rajoy: el juez, el ministro y el policía urdieron todo en un día de caza. Mariano Fernández Bermejo dimitió como ministro de Justicia, pero el caso sigue y crece.

- 3. Relación terminada. "A mí me planteó el tesorero del partido -Álvaro Lapuerta- que estas personas estaban utilizando el nombre de la dirección del PP y decidimos, por eso, dejar de contratar con ellos, aunque lo único que hacían en Génova era poner las traseras". Rajoy explicó así a mediados de febrero que cuando llegó al partido en 2004 ordenó romper las relaciones con las empresas de Correa. Sin embargo, el sumario incluye facturas de trabajos de 2005, en la campaña del referéndum de la Constitución europea.

- 4. Ni un euro al PP. "Ni hay trama, ni hay financiación ilegal del PP". "Todo el mundo debe tener la tranquilidad de que el partido no se financió con aportaciones de los imputados". "La gente de Correa no ha entregado ni un solo euro al PP". "El partido no se ha financiado ilegalmente ni ha recibido un euro de las personas que están detenidas". Encabezan la lista de grandes éxitos en los argumentarios del PP y Rajoy ha intentado así dejar al partido al margen. Dolores de Cospedal, la secretaria general, le ha seguido con frases como: "Esto no es Filesa" y "No estamos hablando de financiación irregular, de ninguna manera. Estamos muy tranquilos". Pero un informe de la policía acaba de demostrar que la trama pagó actos del PP en Valencia. Y, además, con dinero negro y facturas sin IVA, según consta en el sumario. Se investiga si esta práctica se extendió.

- 5. Son inocentes. Rajoy no ha cesado de poner las dos manos en el fuego por los acusados. Sobre todo por Camps y los suyos, con los que se ha montado varios homenajes públicos, especialmente en la campaña de las europeas. El 24 de febrero, sin esperar a conocer detalles, el líder del PP ya dijo: "Estoy seguro de que muchas de las personas que salen en los periódicos no aparecen en el sumario, ni van a ser imputados, ni van a ser inculpados. Y a esas personas, ¿Quién les repara el daño causado?". Luego, sobre Bárcenas y Galeote dijo: "Nadie podrá probar que no son inocentes". Ahora, los dos están imputados. El 23 de abril, Camps dijo: "Todo es un montaje y una mentira y la verdad, si Dios quiere, es lo que pronto sabrá todo el mundo". Sin invocar a Dios, Rajoy se rindió un mes después ante el presidente valenciano: "Paco, estamos contigo, como siempre. Y la inmensa mayoría de los ciudadanos se van a llevar una enorme alegría para disgusto de esos inquisidores del siglo XXI que son de una crueldad infinita, pues no tienen razón ni corazón".

En junio, en presencia de Ricardo Costa y miles de simpatizantes, Rajoy se entregó definitivamente: "Yo creo en tí, creo en lo que haces. Paco, siempre estaré detrás de ti, o delante o al lado, me es igual. Quiero que lo oigan todos". Hoy Camps mantiene una batalla con Rajoy, que incluye intercambio de golpes en la cara de Costa y que apenas ha empezado. El paroxismo llegó con Jaime Mayor Oreja en la plaza de toros de Valencia: "Frente a la mentira y la calumnia tiene que ganar la decencia de Paco Camps, el más honorable de todos los valencianos y de todos los españoles".

- 6. Tres tristes trajes. "Lo de los trajes no me lo creo. Es imposible que se haya vendido por tres trajes". Cuando Camps sólo tenía encima la acusación de recibir trajes, Rajoy sostuvo que era poco obsequio para comprarle, como si la honestidad fuera inversamente proporcional al precio. El valenciano no ha justificado aún los pagos, y todo el PP se lanzó a criticar el llamado cohecho impropio y a justificar los regalos a políticos. Rita Barberá, que, según Álvaro Pérez, El Bigotes, recibió de la trama un carísimo bolso de Louis Vuitton, quiso que se actuara contra Zapatero por recibir anchoas del presidente cántabro Miguel Ángel Revilla. Ahora, exculpado Camps por los trajes, el sumario ha mostrado que esos regalos eran lo de menos, porque el líder valenciano y su entorno mantenían una relación estrecha con la trama que dirigía quien se hacía llamar Don Vito. Tanto, que Costa les pedía que intercedieran ante Camps para que le hiciera consejero.

- 7. Escuchas ilegales. Cospedal tiró la bomba atómica en agosto, desde un chiringuito de playa: "Me consta que se están produciendo escuchas ilegales a personas que no tienen que ver con los sumarios". Se refería a que, según ella, dirigentes del PP tenían el teléfono pinchado. Por muchas preguntas que se han hecho a Cospedal y a otros dirigentes del PP nunca se ha sabido a qué se refería. Tampoco hubo querella y el PP intenta hacer olvidar sus palabras.

- 8. Persecución. "Es evidente que el Gobierno persigue al PP". "Que la fiscalía tiene un trato diferente entre el PP y el PSOE es un hecho objetivo, no un juicio de valor", aseguró Rajoy para poner el foco sobre la fiscalía. Como si los 17.000 folios de pruebas, testimonios y escuchas fueran fruto de la inquina de Cándido Conde-Pumpido.

- 9. Informe apócrifo. "Sabemos que hay un informe, pero no sabemos quién lo ha pedido", dijo el líder del PP para restar valor al informe de la Brigada contra el Blanqueo que daba por probada la financiación irregular del PP de Valencia. Incluso la factoría de denuncias de los populares aseguró que los policías que lo hicieron fueron condecorados por Interior. El informe ha sido avalado por las pruebas.

- 10. Escuchas a abogados. De los productores de las otras nueve estrategias llega ahora la de la anulación de todo el sumario por grabaciones de conversaciones entre imputados presos y sus abogados. Hace meses que se planteó en reuniones internas del PP, aún está en marcha y pretende ser el remake de la nulidad del caso Naseiro que sepultó judicialmente aquella financiación ilegal del PP. Ocurrió en Valencia y en el equipo jurídico-político estaba también Trillo.

Manuel
#470

sábado, octubre 10, 2009

Anécdota

Un matrimonio mayor toma el taxi desde las urgencias de un gran hospital.
Se les ha olvidado la cartera.
Cuando llegan, el hombre advierte:

-Le dejo a mi mujer en prenda.

-Su marido le acaba de valorar en 12 euros-, le dijo el taxista a la mujer, que se quedó sentada en el asiento trasero.

-Pues menos vale él.


Manuel
#469

Olimpiada

Retorno en los últimos tiempos a ciudades ancestralmente hermosas, con sabor, con misterio, con estilo, alternativamente luminosas y sombrías, llamadas Venecia, Ámsterdam, Brujas y Praga, que cada vez se parecen más a un parque temático, en permanente restauración, incluso algunas de ellas decorando sus plazas más intocables con norias, freidurías y otras elegantes atracciones populares.
Nada más pisar Madrid, recuerdo en cada zanja la imposibilidad de pasear sin el riesgo de que te rompas el tobillo o la cabeza y aquella definición aún más lúcida que cínica de Danny DeVito:
"Madrid será una ciudad fantástica cuando encuentren el tesoro".

Nada más llegar a mi casa y revisar el correo constato entre la mala hostia y la náusea que el tesoro permanecerá siempre en el territorio de la utopía, pero que el muy terrenal alcalde de la Villa, ese dominico hipócrita que goza de tan buena prensa entre los poderes de la izquierda, se ha encargado de aumentar impunemente su propio tesoro grabando a la castiza y deprimida plebe con un nuevo y cuantioso impuesto de basura.
Para que cuadren sus iluminadas y medievales cuentas, por el lujo de ser habitante de la progresista capital del Imperio.

Comprendo el llanto y el crujir de dientes del lírico perdedor Gallardón cuando constata que los tercermundistas brasileños le han levantado con malas artes el previsiblemente fastuoso negocio de las Olimpiadas, untando con cariño, estrategia o mezquinos bienes materiales a esa banda de políticos sin carné que integran el corleoniano COI (como la FIFA, la UEFA, y demás dueños de ese opio que jamás sufre bajones en el mercado), comprendo que hubiera compromisos muy jugosos con los especuladores de siempre, con las contratas, con los patronos que manejan el bisnes del paro, con todos los que sacarían inmejorable tajada de un Madrid olímpico. Incluso entiendo que lo lamente el puterío de lujo o los que querían ser testigos directos de las hazañas de los Bolt y los Phelps del futuro.
Lo que me provoca estupefacción es la congoja ante el incumplido sueño de medio millón de concienciados madrileños.
Que paguen el tributo y callen.

CARLOS BOYERO 10/10/2009

Manuel
#468

martes, octubre 06, 2009

Europa declara su interdependencia

Sí, ha leído bien: interdependencia.
Porque eso es lo que acaba de declarar Europa al quedar despejado el camino para la entrada en vigor del Tratado de Lisboa tras el voto afirmativo de los irlandeses en segunda convocatoria.
Decidida de nuevo a dejar una impronta nunca recorrida en la historia, Europa, a diferencia de Estados Unidos en 1776 y de tantos países en los siglos XIX y XX, no ha declarado la independencia, sino la voluntad de recorrer unida el futuro.

Alguien podría afirmar que eso ya lo había hecho con los tratados de Roma, Maastricht, Ámsterdam o Niza. Claro que sí, pero no con la fuerza constitucional, casi fundante, que encierra el de Lisboa. ¿Por qué?
La razón es sencilla: el Tratado de Lisboa se parece tanto a la Constitución Europea elaborada en la Convención, que ha heredado de ella los elementos esenciales (principios, valores, objetivos y derechos) que definen por primera vez en la norma fundamental de la Unión el modelo europeo: una democracia supranacional (la primera en el devenir de las construcciones políticas) basada en el Estado de derecho y en la economía social de mercado.
Negro sobre blanco.

Antes de esa Constitución o de su herencia -Lisboa- sabíamos por y para qué estábamos juntos, construyendo sucesivamente una unión aduanera, una zona de libre cambio, un mercado interior y, en fin, una moneda única, cada vez con más elementos de política exterior e interior comunes.
Pero ni lo habíamos escrito, ni votado ni, en consecuencia, declarado formalmente.

Ahora lo hemos hecho, poniendo en un Tratado, más allá de la mera suma de factores nacionales, el máximo común denominador de 27 países dispuestos a ser más en los próximos años.
De la mano de esa interdependencia, Lisboa va a llevarnos a una Unión Europea más democrática y eficaz.

Con él se crearán nuevas figuras institucionales -como el presidente estable del Consejo Europeo o un "ministro de Asuntos Exteriores" que, al margen de su título oficial, el común de los mortales terminará llamando de esa manera. Más importante que lo anterior: con el nuevo tratado, la Unión Europea tendrá más competencias (por ejemplo, en energía y cambio climático, ¡ahí es nada!), tomará muchas más decisiones por mayoría -en detrimento de la desesperante unanimidad- y adoptará casi toda la legislación, incluido el presupuesto, de forma bicameral por un Consejo formado por los Gobiernos y un Parlamento Europeo elegido directamente en las urnas.

Y aún más relevante que todo lo dicho: la ciudadanía europea pasará de ser una bella noción dotada de ligero contenido a ser sujeto de unos derechos hasta ahora nunca enunciados en el nivel de la Unión, gracias a una Carta de Derechos Fundamentales jurídicamente vinculante.

Habrá en Europa y fuera de ella quien no celebre la entrada en vigor del Tratado de Lisboa -como tampoco lo hizo con la elaboración de la Constitución- porque lo considere el paso hacia un federalismo que atenta contra la inmutable permanencia de los Estados nacionales que componen la Unión. Estará en su derecho.
Pero, con toda seguridad, las grandes mayorías empezarán a notar el cambio para bien que implica Lisboa más pronto que tarde.

Todavía más en una época de crisis económica y financiera de la que sólo puede salirse reforzando el modelo social europeo inscrito en el Tratado, cuando los nuevos interlocutores de Europa (empezando por Obama) necesitan para combatir el cambio climático o solucionar conflictos una UE auténtico actor global gracias a los instrumentos de Lisboa, o cuando la gente demanda mecanismos de democracia participativa como la Iniciativa Ciudadana incluida en la nueva norma comunitaria, que permitirá a un millón de europeos instar a la Comisión a presentar un proyecto de ley.

A España le tocará desarrollar Lisboa cuando ejerza la Presidencia de la UE en el primer semestre de 2010, liderando el inicio de una nueva Europa.
Es una coincidencia de calendario que, sin embargo, hace justicia a nuestro país e interesa a la Unión.

Hace justicia porque, sin el referéndum sobre la Constitución Europea convocado por el Gobierno de Zapatero en 2005 -en el que los electores respaldaron un texto desbloqueado por el mismo presidente al llegar a La Moncloa-, el proceso que ha desembocado en el Tratado de Lisboa habría embarrancado sin remedio: nuestro sí fue un argumento clave para seguir adelante tras el no en Francia y Holanda.

E interesa a Europa porque una aplicación ambiciosa del Tratado tendrá su mejor impulsor en un país netamente proeuropeo como España, encabezado por un Gobierno europeísta que cuenta con un amplio consenso político y social para esa tarea.

Lisboa no es el fin de la historia en la construcción europea.
De hecho, habrá que seguir profundizándola en el futuro (pienso, por ejemplo, en un Gobierno económico y social que cuente con un Tesoro comunitario) hasta conseguir la plena unión política.

Pero, de momento, con el nuevo Tratado la Unión Europea -ya con personalidad jurídica propia- ofrecerá, entre otras cosas, un teléfono al que llamar y, sobre todo, un alma.
Interdependiente, por supuesto.

Y ya es bastante para los tiempos que corren.

CARLOS CARNERO 06/10/2009
es embajador en Misión Especial y fue miembro de la Convención Constitucional Europea.

Manuel
#466

lunes, octubre 05, 2009

Alma de Pachamama


Mercedes Sosa


Para muchos era la gran voz popular de América.
De ésa a la que los vecinos del norte le expoliaron hasta el nombre.
Nadie como Mercedes Sosa ha cantado de una forma tan conmovedora
Gracias a la vida, Alfonsina y el mar o Volver a los 17.
Con sólo una guitarra y un bombo.
Pura emoción.

La tucumana fue esa voz con conciencia que llevó por el mundo las canciones de Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Horacio Guarany...
Ritmos de chacareras, zambas, milongas, guajiras, cuecas...

Cantó con Pablo Milanés, Chico Buarque, Charly García o Milton Nascimento.
Por los desaparecidos en las dictaduras latinoamericanas y en defensa de los derechos humanos y la libertad.
Una mujer de izquierdas que aseguraba no haberse alejado nunca de Dios y que grabó la Misa criolla, de Ariel Ramírez.


A principios de los ochenta halló refugio en Madrid, cuando tuvo que dejar Argentina porque los militares ya no podían soportar el efecto de su voz profunda.
Cuando cantaba la Serenata para la tierra de uno, de María Elena Walsh ("porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy"), no hacían falta más explicaciones: decía que las canciones debían ser honradas.

Estuvo muy enferma y se pasó meses sin poder salir de casa.
El Senado argentino le rindió homenaje con un galardón por su trayectoria y su compromiso social. La mujer que conmovió con su canto de timbre oscuro y cálido al público del teatro Colón de Buenos Aires, el Olympia de París o el Carnegie Hall de Nueva York, nos ha dejado.

Su vida era cantar.
Y no podía estar sin hacerlo.
Porque La Negra, con su aire de Pachamama, de Madre Tierra,
llevaba en su voz un pedazo del alma de la humanidad.


CARLOS GALILEA 05/10/2009


Manuel
#465


Brasil, un país cansado de ser emergente

Brasil organizará el Mundial de Fútbol del año 2014 y los Juegos Olímpicos (JJ OO) de 2016.
Bastantes analistas, al comentar las votaciones de los miembros del Comité Olímpico Internacional en Copenhague, el pasado viernes, subrayaron que, más que las características técnicas del proyecto olímpico de Río de Janeiro, se ha premiado la situación geoestratégica brasileña (serán unos juegos de todo un continente, América Latina) y la pujanza económica ascendente de ese gigantesco país cada vez más emergente y menos tercermundista.

Si ello fuese así, se trataría de una manifestación muy plástica del desplazamiento del poder en el mundo desde EE UU, Europa y Japón hacia las nuevas realidades emergentes.
Apenas unos días antes, el G-20 en Pittsburgh había enterrado el club de los ocho países más ricos del mundo (G-8) y lo sustituyó por otro en la que están presentes los principales países en despegue, Brasil, Rusia, India y China (los países BRIC). En el punto 18 de la Declaración de Pittsburgh se dice: "Hemos designado el G-20 para ser el principal foro de nuestra cooperación económica internacional. Establecimos el Foro de Estabilidad Financiera para incluir así a las principales economías emergentes y dar la bienvenida a sus esfuerzos para coordinar y supervisar programas de fortalecimiento de la regulación financiera".

Conscientes de su nuevo papel en el planeta, hace apenas tres meses que los países BRIC se constituyeron en un nuevo foro en defensa de sus intereses.
Los dirigentes de los citados cuatro países se reunieron en Ekaterimburgo (Rusia) y pusieron encima de la mesa su formidable potencial: representan casi a la mitad de la población mundial, un cuarto del PIB mundial, el 40% de toda la superficie, y el 65% de todo el crecimiento de estos años. Lo disímil de estos porcentajes manifiesta la desigualdad en el mundo, que los emergentes denuncian con su sola presencia. Los BRIC quieren tener representación en la dirección del Fondo Monetario Internacional (siempre europea) o del Banco Mundial (siempre estadounidense), pretenden cambiar el funcionamiento del Consejo de Seguridad de la ONU, e incluso hacen escarceos para lo que sería una verdadera revolución monetaria en el mundo, de la que cada vez se habla más: la sustitución del dólar como moneda de reserva mundial y su sustitución por una cesta de monedas, más allá de la divisa norteamericana y del euro.

Pero Lula da Silva, presidente de Brasil, quiere ir más lejos.
Cuando fue elegido para un segundo y último mandato (por ahora ha soportado mejor que otros presidentes latinoamericanos la tendencia irresistible a cambiar la Constitución para poder ser reelegido al menos en otra ocasión), declaró: "Estamos cansados de ser una potencia emergente". Es decir, quiere que Brasil pase a la categoría de país desarrollado, sin marcha atrás.
Esta ambición es la que le hará pasar a la historia. En los siete años de Presidencia, Lula ha hecho avanzar mucho a su país: saldrá de la recesión en el pelotón de cabeza (en el segundo trimestre de 2009, el PIB ya ha aumentado); sus porcentajes de crecimiento a lo largo del periodo han sido muy superiores a los de las dos décadas anteriores; la pobreza extrema se ha reducido del 35% en 2001 al 24,1% en 2008; cuatro millones de ciudadanos dejaron el umbral de pobreza y se incorporaron a unas clases medias que ya superan el 50% de la población total... El lado oscuro de esas mismas cifras indica todo lo que aún queda por hacer en materia de desigualdad, pobreza, inseguridad ciudadana, contaminación ambiental, corrupción y, como reflejaba el investigador Clóvis Brigagao, "una baja institucionalidad política".

En términos de progreso y bienestar no cabe duda de que Lula y su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, han sido muy positivos para Brasil, cuya economía es la novena del mundo (más grande que la española), pero cuyo potencial de crecimiento -ayudado por el maná de las gigantescas reservas de petróleo submarinas, recientemente descubiertas- puede ayudarla a escalar, en el plazo de una década, a la quinta o sexta posición del planeta.

El futuro de Brasil, con sus luces y sus sombras, determinará sin duda el futuro de América Latina, ya que su economía es nada menos que la mitad de la de la región.

JOAQUÍN ESTEFANÍA 05/10/2009

Manuel
#464

sábado, octubre 03, 2009

Laicidad

Tiempos estos en que parece una utopía que la asociación Escuela Laica -quien quiera apuntarse: www.escuelalaica.com- reclame, ante el inicio de las matriculaciones del nuevo curso, que no se imparta la enseñanza de ninguna religión en las escuelas públicas y subvencionadas.
Tiempos duros en que, con una Constitución como la nuestra, que garantiza un Estado aconfesional, clamamos por lo obvio.

Y ya, poniéndonos más utópicos si cabe, deberíamos exigir que el espíritu de la laicidad impregne las escuelas.

¿Qué es la laicidad, nuestra herencia tardía del Siglo de las Luces?
Propongo una definición del maestro politólogo libanés Georges Corm (en su conferencia "Globalización y comunitarización del mundo: ¿Cuál es el futuro de la laicidad", 2006), pues no encuentro palabras que la definan mejor para el momento actual:
"La laicidad debe librarse del corsé de la especificidad que ha caracterizado su emergencia histórica, es decir, la rivalidad de dos poderes, temporal y espiritual (...). Debe elevarse al nivel más superior de la filosofía universalista y humanista de la que surgió, y afirmarse de nuevo como el pilar fundamental de una práctica de esencia democrática (...). Una laicidad bien entendida es, ante todo, una doctrina de concordia civil en el interior de los Estados, así como en las relaciones interestatales; es también una doctrina que protege al individuo de la dictadura del conformismo y de las presiones psicológicas que pueden ejercer sobre él los notables y dirigentes de su comunidad religiosa o étnica; es además una doctrina destinada a preservar la integridad de la religión y de los valores espirituales, resguardándolos de las manipulaciones de los políticos en la competición por el poder, al tiempo que preserva la integridad del Estado de las manipulaciones de los religiosos".

No se me ocurre nada que añadir a esta parrafada.
Salvo que somos pocos, y utópicos estamos.

MARUJA TORRES 25/06/2009

Manuel
#463

viernes, octubre 02, 2009

2016 : Rio de Janeiro


Río se ha impuesto en la última curva.
Los brasileños han sacado petróleo de sus grandes bazas:
el olvido olímpico de Suramérica y la pujanza económica del país



Manuel
#462

jueves, octubre 01, 2009

El escarmiento soviético

Lo esencial es durar.
El pensamiento crítico aprovecha los aniversarios para el cuestionamiento.
El pensamiento dogmático, en cambio, para afirmarse en la duración.
Con frecuencia no son las nostalgias del pasado sino las dudas respecto al futuro las que conducen a celebrarla.

La Unión Soviética cumplió 60 años en 1977. Cuando alcanzó los 70, en 1987, sólo faltaban dos para que el estruendo de la caída del muro berlinés condujera a su liquidación dos años después: no llegó a cumplir los 72, la duración de una vida humana.
Nada de esto sucederá con la República Popular China.
Llega a este 60 aniversario que hoy celebra mucho más fuerte y lozana que la URSS, el modelo sobre el que se fundó, cuando tenía la misma edad. Las celebraciones que ha preparado el régimen se encargarán de demostrarlo. El régimen de Moscú se hallaba en 1977 en fase de decrepitud creciente, en estagnación económica y dirigido por un enfermo de 71 años que era Leónidas Breznev; mientras que la China actual es el motor del crecimiento económico mundial y está dirigido con mano de hierro por una cúpula comunista, presidida por Hu Jintao, un gris ingeniero de 67 años, con el que se ha conseguido organizar ordenadamente el cuarto relevo generacional en el poder supremo de la República e incluso preparar el quinto para 2012.

Los dirigentes chinos siempre han estudiado con detenimiento los pasos realizados por quienes fueron sus inspiradores e incluso compañeros dentro del movimiento comunista mundial. Y lo han hecho incluso después de la ruptura de relaciones entre Moscú y Pekín en 1963, en cuyo hueco anidó la genial idea de la apertura americana a China, obra personal del por tantos otros conceptos denostado presidente Nixon. Pero en cada ocasión las lecciones tomadas de la experiencia les ha conducido a optar por el camino contrario al que eligieron los dirigentes de Moscú. Los levantamientos de Budapest en 1956 y la primavera de Praga en 1968 fueron analizados con gran atención en Zhongnanhai, el recinto cerrado donde viven y trabajan los líderes comunistas chinos. De las dudas y torpezas soviéticas ante los levantamientos contra los regímenes comunistas salió el implacable aplastamiento militar de la revuelta estudiantil en la plaza de Tiananmen.

La disgregación de la URSS y su conversión sin orden ni concierto al capitalismo también han sido objeto de profunda reflexión china. No puede entenderse la reacción de la cúpula comunista ante los sucesos del Tíbet o de Xin Jiang sin las lecciones aprendidas en 1991 de las independencias de las repúblicas bálticas y de la implosión soviética que generó un buen puñado de nuevas repúblicas independientes.

Pero no basta con aprender de los errores del otro. La fundación de la República Popular en 1949, nada tiene que ver con la toma del poder por el partido bolchevique. Mientras que estos últimos se habían propuesto implantar un régimen socialista y liquidar las clases sociales por la fuerza, lo que querían los dirigentes chinos era terminar con cien años de divisiones internas y dependencia externa, crear una república e imponer una reforma agraria en un país donde el 87% de la población vivía y dependía del campo. Los primeros eran internacionalistas y en sus orígenes al menos pensaban en exportar la revolución; los chinos en cambio ni ahora ni hace 60 años eran internacionalistas, aunque se acogieran nominalmente al rótulo.

Mao Zedong, el fundador, como todos los progresistas chinos, creía en las ventajas de la modernidad y deseaba que su país se beneficiara de ellas. Como todos los nacionalistas, pensaba que su país salía de un siglo de humillaciones a cargo de las potencias europeas. A estas ideas había que añadir su peculiar comprensión del marxismo soviético y su adhesión dogmática y feroz al estalinismo y a sus propias formas, trasladadas mecánicamente a todos los aspectos de la vida pública, desde la estética y la arquitectura hasta la economía y la estructura del partido. La moda soviética, que compró entera en 1949, era a sus ojos lo más avanzado del momento; como lo era la de Estados Unidos en 1972, cuando recibió a Nixon, abriendo las puertas a la simbiosis económica actual. Los sucesores de Mao, que hoy aplaudirán la exhibición de poderío militar en Tiananmen, son también unos nacionalistas chinos, adictos al progreso, que saben incompatible la unidad y la estabilidad que quieren para su país con la libertad que se les debe a sus ciudadanos y a esos pueblos tan felices, 27 etnias, que dicen vivir en celestial armonía en el imperio de la etnia han que les engulle.

LLUÍS BASSETS 01/10/2009

Manuel
#461

martes, septiembre 29, 2009

Impuestos e improvisaciones

Ahora que andamos a vueltas con la subida de los impuestos anunciada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, convendría recordar que forjan el pacto de ciudadanía.
Constituyen el sistema de redistribución que permite al Estado atender las necesidades básicas en el ámbito de la sanidad, de la educación, de las pensiones, de las inversiones públicas.
Sin fiscalidad nada es posible.
Entre nosotros se admira el Estado social de los países nórdicos, pero nadie atiende a la carga impositiva sobre la que descansa.

Es como si todos estuviéramos alineados con la doctrina Montoro, según la cual la recaudación siempre es directamente proporcional a la bajada de impuestos. El responsable de economía del Partido Popular, que ha adoptado un léxico zafio para referirse a sus adversarios socialistas como panda de inútiles que han arruinado a España, quiere convencernos de que la verdad se encuentra en la curva de Laffer. Se aferra a ella con la misma convicción que al teorema de Pitágoras con catetos e hipotenusa, todos ellos al cuadrado. Considera como Proust que hay convicciones que crean evidencias. Cuenta a su favor con la satanización de los impuestos, con su consideración de gravamen confiscatorio, de penalización del esfuerzo y el talento, de sopa boba para mantener a los inútiles. Porque, en una vuelta de tuerca adicional y de la mano de los neocons, sus secuaces han pasado de reconocer el mérito de los que logran prosperar a considerar la culpabilidad de los desfavorecidos y de quienes siguen bajo el umbral de la pobreza.

Todo ello es el resultado de una impregnación ambiente, lograda por el pensamiento único en el que estamos instalados.
Sólo así se entiende la acogida que obtuvo la supresión de los impuestos sobre el patrimonio y de sucesiones. Mientras, en los Estados Unidos la propuesta abría un debate al considerar que podría pervertir los orígenes de aquella nación y promover una clase ociosa que todo lo tuviera garantizado por nacimiento, una nueva aristocracia contraria a las oportunidades que a todos deberían brindarse.

Aquí nadie hizo semejantes planteamientos.
En aquellos días, todos, los socialistas también -recuérdese la propuesta adelantada por el secretario general del Partido Socialista de Madrid, Tomás Gómez- rivalizaban por anticipar esas iniciativas derogatorias. Tampoco desde otros ámbitos se escucharon voces críticas que evaluaran las consecuencias. Cuando Francisco Fernández Ordóñez implantó la Declaración de la Renta, los españoles, incluso los humildes, se sintieron más ciudadanos con derecho a exigir.
Ahora estamos en los antípodas, en aquello de a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

Con estos conceptos bien atornillados, al Gobierno de Zapatero le acusan de improvisar y ZP se defiende aceptando la acusación y replicando que gobernar también es improvisar.
Pero tampoco es así.
Gobernar es planificar, es resistir, es decidir las prioridades y es, también, responder a los imponderables.
Porque las planificaciones deben modularse y ceder en función de las necesidades que plantean los fenómenos de la naturaleza y otros desastres nacidos de malformaciones y crisis del sistema económico como las que ahora vivimos. Darles respuesta es tarea de gobierno a las que debe atenderse según protocolos para nada improvisados. Cumplir los compromisos con los parados sin perder de vista el déficit ni el monto de la deuda ni la manera de respetar los equilibrios tampoco debe inducir a la improvisación.

Cuando el presidente de Brasil, Luis Ignácio Lula da Silva, subió a la tribuna de la 64ª Asamblea General para hacer la primera intervención, dijo que estábamos más que ante una crisis de grandes bancos, ante una crisis de grandes dogmas. Y precisó que se refería a la doctrina absurda que sostiene que los mercados pueden regularse por sí mismos, sin necesidad de lo que se califica de intromisiones estatales y a la tesis que defiende la absoluta libertad de capitales.

Pero aquí es como si los años de prosperidad hubieran evaporado la solidaridad y se hubiera impuesto el ¡sálvese quien pueda!
La procedencia de clase social sólo se invoca por unos para convalidar cualquier vileza en la que hayan incurrido y, por otros, como si fuera un lastre indeseado.
¿Volveremos a medir el prestigio en términos familiares más que personales, conforme al número de generaciones que la familia de cada uno lleva sin trabajar?

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR 29/09/2009

Manuel
#460

domingo, septiembre 27, 2009

Un gran asteroide roza la Tierra

Un asteroide de alrededor de un kilómetro de diámetro está acompañando estos días a la Tierra, en paralelo, a una distancia de unos 600.000 kilómetros, y lo seguirá haciendo una semana más, hasta que sus órbitas se separen.
Fue descubierto el 16 de septiembre por el astrónomo español Josep Maria Bosch y ya tiene nombre (2009 ST19). Aunque el estudio de su órbita es todavía muy incompleto, ha sido incluido en la lista de asteroides potencialmente peligrosos cuya órbita se cruza con la de la Tierra. Los primeros cálculos indican que el acercamiento más peligroso del ST19, que da una vuelta al Sol cada 3,6 años, se produciría en 2038, pero es una fecha que puede variar hacia delante o hacia atrás.

"Es un récord absoluto, es el asteroide de gran tamaño que se ha observado más cerca de la Tierra en toda la historia", explica Bosch, desde el observatorio de Ager en Lérida, aunque él hizo el descubrimiento en el observatorio privado de Santa María de Montmagastrell.
"Estaba intentando recuperar el cometa 137P, tras su paso por detrás del Sol, y no lo conseguí. A la mañana siguiente repasé las imágenes y vi que había un puntito que se movía de forma uniforme", explica. "Mandé los datos de astrometría al Minor Planet Center, el centro de referencia mundial, y dedujeron que estaba en rumbo de colisión con la Tierra, pero como no se volvió a observar pensaron que era pequeño y había caído sin consecuencias".
Unos días después el asteroide fue avistado de nuevo por un programa de búsqueda especializado. Ahora está a menos de dos veces la distancia hasta la Luna, pero será observado por multitud de astrónomos a lo largo de varias semanas para refinar los datos de su órbita, y se vigilará ya para siempre, aunque se desestime que pueda colisionar con nuestro planeta en un futuro cercano.


Manuel
#459

¿De véras?


Manuel
#458

La lucha política de Irán no ha terminado

Dejemos una cosa clara: quienes van a conseguir que Irán sea mejor son los propios iraníes.
Las palabras de un presidente estadounidense en la Asamblea General de la ONU en Nueva York no pueden lograrlo. Las negociaciones y sanciones europeas no pueden lograrlo.
Las bombas israelíes contra instalaciones nucleares iraníes, desde luego, no pueden lograrlo.
Pero el pueblo iraní sí puede.

Es lo que millones de iraníes se propusieron hacer este verano en manifestaciones masivas y lo que algunos de ellos todavía tratan de conseguir, a pesar de las palizas, los asesinatos, las torturas, las violaciones, la continua detención de miles de activistas y un grotesco juicio de los principales reformistas escenificado para la galería.
Lo que las democracias y los demócratas de fuera de Irán pueden hacer para ayudar directamente al movimiento verde es muy limitado, pero la primera obligación de nuestra política debe ser no hacer nada que dificulte aún más su lucha para obtener un cambio pacífico.
Seamos hipocráticos: el primer mandamiento, no hacer daño.

El presidente Barack Obama tiene razón al ordenar a sus representantes que negocien "sin condiciones previas" sobre la cuestión nuclear. Estados Unidos debería haberlo hecho hace mucho tiempo.
Pero las potencias europeas llevan años negociando con Teherán, y eso no nos ha permitido avanzar nada. Mientras nos llevaba la corriente, con las tácticas negociadoras de un bazar de Teherán, la República Islámica ha seguido construyendo centrifugadoras y se ha acercado al umbral en el que tendrá capacidad para decidir si se lanza a por el arma nuclear o no.

Las negociaciones deben continuar, pero Estados Unidos y Europa no deben, por unas cuantas y escurridizas promesas más de contención nuclear, hacer nada que otorgue ni pizca de legitimidad a un presidente, Mahmud Ahmadineyad, vencedor en unas elecciones fraudulentas y que la semana pasada celebró el "día de Jerusalén" diciendo que "el pretexto" para la creación de Israel -es decir, el Holocausto- "es falso...
Es una mentira basada en una afirmación indemostrable y mítica".

Un ejemplo clásico de lo que las democracias no deben hacer lo dio el año pasado una empresa conjunta formada por Siemens y Nokia, llamada Nokia Siemens Networks.
Vendió al régimen iraní un sofisticado sistema con el que pueden vigilar Internet, incluidos los correos electrónicos, las llamadas de teléfonos por la Red y las redes sociales como Facebook y Twitter, muy utilizadas por los manifestantes iraníes. En la política actual de poder popular, equivale a vender a un dictador carros de combate o gas venenoso.
Así que seamos claros: una empresa alemana, Siemens, que utilizó a esclavos para trabajardurante el Tercer Reich, vendió a un presidente que niega el Holocausto los instrumentos con los que puede perseguir a los jóvenes iraníes que arriesgan sus vidas por la libertad.
Piensen en ello cada vez que compren algo fabricado por dicha compañía.

Los analistas especializados en Irán utilizan a veces la imagen de una carrera entre dos relojes: el reloj nuclear y el reloj de la democracia.
El régimen iraní ha hecho que el reloj nuclear vaya más deprisa de lo que pensaban muchos en Occidente, pese a todas las negociaciones y sanciones; pero el pueblo iraní ha puesto en marcha el reloj de la democracia como la mayoría de los diplomáticos occidentales no pensaba jamás que iba a hacer. El viernes de la semana pasada volvieron a salir a la calle muchos miles de opositores, junto con los tres líderes reformistas más destacados que aún están en libertad. Es de esperar que haya más manifestaciones cuando vuelvan a abrir las universidades dentro de unos días.

No son sólo unos cuantos jóvenes airados con pañuelos verdes.
El régimen islámico está dividido en sus más altas instancias, y la autoridad del Líder Supremo está más en tela de juicio que nunca. Pilares del sistema islámico como el ayatolá Hashemi Rafsanjani están enzarzados en un conflicto con Ahmadineyad y la Guardia Revolucionaria, que son quienes tienen hoy más influencia con el Líder Supremo.

La expresión reloj de la democracia quizá puede llevar a confusión.
Irán no va a ser a corto plazo una democracia liberal de estilo occidental (tampoco lo son Afganistán e Irak). Ahora bien, lo que todavía es posible es una mezcla de reforma y revolución, lo que yo he llamado refolución, que refuerce los elementos republicanos constitucionales en el extraño sistema político híbrido de la República Islámica y debilite los factores revolucionarios islamistas. Por ahora sucede lo contrario. Al apoyar con su autoridad teocrática a Ahmadineyad y la Guardia Revolucionaria, el ayatolá Jamenei ha inclinado la balanza del lado revolucionario islamista.
El mejor resultado probable de una revolución negociada sería que la balanza se inclinara decisivamente en el otro sentido: más republicano y menos islamista.

Sería un Irán mejor para los iraníes, pero ¿sería un Irán mejor para el resto del mundo?
Los escépticos dicen que hay pocas pruebas de que los reformistas iraníes sean menos nacionalistas en la cuestión nuclear. Un portavoz del movimiento verde, Mohsen Makhmalbaf, hizo pública una declaración el 22 de septiembre en la que decía que "el movimiento verde iraní no quiere una bomba nuclear". Sería útil que los líderes de la oposición fueran más específicos: por ejemplo, que acepten la idea de la supervisión internacional neutral del ciclo de combustible en un programa nuclear de usos civiles, con el sobreentendido de que ese régimen internacional se aplicaría a todas las potencias nucleares civiles, incluido EE UU, y no sólo a Irán.

Vuelvo a decir que hay serios límites a lo que las democracias -y especialmente EE UU y Reino Unido- pueden hacer directamente para promover el cambio político dentro de Irán.
Por eso es tan importante hacer mejor las cosas indirectas. Una de ellas la ha hecho ya el Gobierno británico al financiar el magnífico servicio de televisión e Internet de la BBC en persa, que, en menos de un año, se ha convertido en una fuente de noticias fiable e indispensable para los iraníes.

Pero demasiado apoyo a la oposición por parte de Washington o Londres no hará más que dar credibilidad a las afirmaciones que el bando de Ahmadineyad y la Guardia Revolucionaria hacen de todas formas de que los reformistas y el movimiento verde son herramientas de una conspiración tramada por el Gran Satán (Estados Unidos) y el Pequeño Satán (Reino Unido); unas afirmaciones que encuentran cierta recepción en la opinión pública, en parte porque es verdad que una vez hubo una conspiración británico-norteamericana para derrocar al primer ministro iraní Mohammad Mossadeq, hace medio siglo. Obama quizá mostró demasiado desapego en su reacción ante las protestas del verano, pero se trataba de calibrar la respuesta unos cuantos grados. En la ONU, el 23 de septiembre, habló de "los derechos de las personas en todas partes a determinar su propio destino".
Exactamente.

No debemos, pues, dar ninguna legitimidad a un presidente ilegítimo y que niega el Holocausto a cambio de unas negociaciones nucleares que todavía no han llegado a ninguna parte.
No debemos apostarlo todo a la carta de la democracia, pero tampoco debemos hacerlo a la carta de la negociación nuclear. Cada paso diplomático que demos debe ser examinado para ver su posible efecto sobre el fisible proceso político en el interior de Irán. Si podemos aplicar unas sanciones nucleares más estrictas dirigidas específicamente a aumentar la presión sobre Ahmadineyad y la Guardia Revolucionaria, eso tendrá una doble ventaja; si la acción militar refuerza a los partidarios de la línea dura, ése es otro argumento más para no emprenderla.

Tal vez dentro de un año tengamos que reconocer que la represión ha acabado con la refolución en Irán, al menos por ahora.
En ese caso, tendríamos que tratar con el presidente Ahmadineyad y un régimen revolucionario islamista de la mejor forma posible: con negociaciones, presiones y contención. Pero todavía no ha llegado ese momento. La lucha dentro de Irán no ha terminado, ni mucho menos.
Su resultado no depende de nosotros, pero, al menos, no debemos hacer nada que ayude al lado que no lo merece a ganar.

Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos
y ocupa la cátedra Isaiah Berlin en el St. Antony's College, en Oxford.


Manuel
#457

lunes, septiembre 21, 2009

domingo, septiembre 20, 2009

Aprendiendo modales en el supermercado

Hace algunos días, una amiga mía estaba haciendo cola delante de la caja de un supermercado.
Era una hora punta y había mucha gente.
Cuando llegó su turno, mi amiga, que ya había vaciado su cesta sobre la cinta, dijo:
“Buenas tardes”.

La cajera, una chica de aspecto andino, levantó sobresaltada la cabeza de su afanoso marcar y marcar.
“Ay, señora, perdone, buenas tardes”, dijo con su suave acento ecuatoriano: “Es que una termina perdiendo los modales”.
Y, mientras cobraba, le contó a mi amiga que llevaba cinco años en España y que, cuando llegó, se le habían saltado las lágrimas en más de una ocasión por la rudeza del trato de la gente: no pedían las cosas por favor, no daban las gracias, a menudo ni contestaban sus saludos.
“Al principio pensaba que estaban enfadados conmigo, pero luego ya vi que eran así”.

De todos es sabido que el español tiene modales de bárbaro.
Aún peor: consideramos nuestra grosería un rasgo idiosincrásico y hasta nos enorgullecemos de ella. “Somos ásperos pero auténticos”, he oído decir en más de una ocasión.
Y también: “Es mejor ser así que andarse con esas pamemas hipócritas y cursis que se gastan otros pueblos”. Y por pamemas cursis nos estamos refiriendo pura y simplemente a la buena educación.
En muchas cosas, por desgracia, seguimos siendo un país de pelo en pecho al que le gusta alardear de ser muy macho.

Resulta sorprendente que nos hayamos convertido en un pueblo tan áspero y tan zafio, porque, en mi infancia, a los niños se nos enseñaba todavía a saludar, a dar las gracias, a ceder el asiento en el autobús a las embarazadas, a sostener la puerta para dejar pasar a un incapacitado, por ejemplo.
Hoy todos esos usos corteses, esas convenciones amables que las sociedades fueron construyendo a lo largo de los siglos para facilitar la convivencia, parecen haber desaparecido en España barridas por el huracán del desarrollo económico y de una supuesta modernización de las costumbres.
En no sé qué momento de nuestra reciente historia se llegó a la tácita conclusión de que ser educado era una rémora, una práctica vetusta e incluso un poco de derechas. Me temo que defender los buenos modales, como hago en este artículo, puede parecerles a muchos una reivindicación casposa y obsoleta. Pero en realidad los buenos modales no son sino una especie de gramática social que nos enseña el lenguaje del respeto y de la ayuda mutua.
Alguien cortés es alguien capaz de ponerse en el lugar del otro.

Dentro de esta educación en la mala educación que estamos llevando a cabo de modo tan eficiente, son los chicos más jóvenes quienes, como es natural, aprenden más deprisa.
No sólo es bastante raro que un muchacho o una muchacha levanten sus posaderas del asiento para ofrecerle el sitio a la ancianita más renqueante y temblorosa que imaginarse pueda, sino que además empieza a ser bastante común ver a una madre por la calle cargada hasta las cejas de paquetes y flanqueada por el gamberro de su hijo adolescente, un grandullón de pantalones caídos que va tocándose las narices con las manos vacías y tan campante.

Algunas de estas madres llenas de impedimenta y acompañadas de hijos caraduras son emigrantes, lo que demuestra la inmersión cultural de la gente extranjera: las nuevas generaciones crecidas aquí enseguida se hacen tan maleducados como nosotros.
Pero, por fortuna, también sucede lo contrario.
Quiero decir que, en los últimos años, muchos de los trabajos que se realizan de cara al público, como los empleos de cajero o de dependiente en una tienda, han sido cubiertos por personas de origen latinoamericano. Dulces, amables y educados, esas mujeres y esos hombres siguen insistiendo en dar los buenos días, en pedir las cosas por favor y en decir gracias.
Algunos, sobre todo aquellos que vinieron hace años, como la cajera que se encontró mi amiga, tal vez hayan relajado un poco su disciplina cortés, contaminados por nuestra rudeza. Pero la mayoría continúa siendo gentil con encomiable tenacidad, y así, poco a poco, están ayudando a desasnar al personal celtíbero.
¿No se han dado cuenta de que estamos volviendo a saludar a las dependientas?
Yo diría que en el último año la situación parece haber mejorado.
Las colas de los supermercados, con sus suaves y atentas cajeras latinoamericanas, son como cursillos acelerados de educación cívica.
Quién sabe, quizá los emigrantes consigan civilizarnos.

ROSA MONTERO 20/09/2009

Manuel
#455

Equilibrismo


Manuel
#454

That's a Bingo !

Christoph Waltz as Standartenführer Hans Landa aka The Jew Hunter.
Landa is the central antagonist: a romantic, yet sinister pipe-smoking Austro-German SS-turned-SD officer so nicknamed in reference to his keen ability to locate Jews hiding throughout France.
He is well-versed in languages, being able to speak fluent English, French and Italian in addition to his native German. Landa can also be a charming detective.
Tarantino has said that this might be the greatest character he's ever written. The director decided to have the character played by a German actor. The role ultimately went to the Austrian Waltz, who, according to Tarantino, gave me my movie back, as he felt the movie couldn't be made without Landa as a character but feared the part was unplayable.

Waltz would win the Best Actor Award at the 2009 Cannes Film Festival for his performance.


Manuel
#453

¡Revolución!


Manuel
#452

El futuro de Europa

Entrevista: el Líder de los Verdes europeos

Daniel Cohn-Bendit, (Montauban, 1945), líder de Los Verdes en el Parlamento Europeo, ha protagonizado una dura oposición a la renovación de José Manuel Durão Barroso al frente de la Comisión Europea.
A pesar de que no pudo impedir el nombramiento del portugués, Cohn-Bendit -símbolo de mayo del 68-, sigue tan entusiasta como cuando luchaba por llevar "la imaginación al poder".

Pregunta. ¿Cómo valora una votación tan favorable a Barroso?

Respuesta. Ha sido gracias a los votos de los socialistas. No me explico cómo Zapatero ha podido votar por Barroso. No puedo entender. Es como si hubiera votado a favor de Rajoy. Porque Barroso es como Rajoy en Europa. Lo que ha hecho Zapatero de aliarse con la derecha es ilógico.

P. Pero muchos diputados socialistas han apoyado a Barroso.

R. Es incomprensible que algunos diputados socialistas, como los españoles, hayan votado sin independencia, a las órdenes de Zapatero. Han funcionado como organizaciones leninistas. Lo peor es que gracias a los votos de socialistas españoles, portugueses y británicos, Barroso ha obtenido una mayoría más amplia de la que exige el futuro Tratado de Lisboa y ha salido reforzado.

P. Barroso dispone ahora de un gran respaldo del Parlamento.

R. Barroso ha salido elegido gracias al apoyo de sólo 30 o 35 diputados socialistas. Eso significa que en el Parlamento Europeo no hay una mayoría clara.

P. ¿Qué opina de las promesas de contenido social, sobre libertades y medio ambiente que hizo Barroso para captar votos?

R. Si oyes a Barroso resulta que en Europa no hay nadie más socialista que él, nadie más verde que él, nadie más liberal que él, nadie más del PPE que él. La conclusión es clara: Barroso no es creíble. La próxima Comisión tendrá muchas dificultades.

P. Pero la izquierda no ha sido capaz de presentar un candidato alternativo...

R. El candidato para presidir la Comisión Europea lo propone el Consejo. Y la propuesta del consejo contaba con el apoyo de Zapatero, Sócrates y otros socialdemócratas. Hay que preguntarse porqué la Internacional Socialista y Martin Schulz [presidente del grupo socialista en la Eurocámara] rechazaron la candidatura de Rasmussen [presidente del Partido Socialista Europeo] y se refugiaron en la abstención.


Manuel
#451